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'Katesi' de Enrique de Rodrigo

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La vida de Irene, una superdotada que sufre extrañas alucinaciones, encontrará sentido a su vida cuando se enamore de Ricardo, un reputado sumiller, a la vez que conduce sus objetivos al mundo de la enología. Así podría resumirse, en pocas palabras, Katesi, la recién aparecida novela de Enrique de Rodrigo en Grupo Ajec.

Pero Katesi es mucho más.

El lector que quiera enfrentarse a esta obra debe estar especialmente motivado y sentir un especial interés por las discusiones filosóficas de tipo epistemológico en todas sus vertientes, así como los detalles más profundos de la enología. El autor está tan preocupado por establecer una dialéctica profunda acerca de estas cuestiones que se olvida a menudo del argumento de la novela. Por todo ello, la obra es lenta, morosa, tarda demasiado en arrancar, perdiéndose a menudo en elucubraciones metafísicas que, sin duda, tienen mucho valor académico.

Neurología, enología, espionaje, política, epistemología, ciencias físicas, historia, entresijos militares, armamento, etc. Resulta encomiable la documentación del autor, así como los exhaustivos datos que ofrece.

Es decir, no busquéis aventuras sin fin en Katesi. La novela de Enrique de Rodrigo está concebida para ser disfrutada por el paladar de un enólogo literario.

En general, el autor desprende una desbordante cultura, así como un exquisito detalle con el uso del lenguaje: aquí encontraremos términos que raramente leeremos en una novela sino en un ensayo académico. El autor también disfruta y se recrea describiendo minuciosamente espacios, acaso para reflejar la personalidad de sus dueños, como oscurre cuando e describe la habitación de Irene hasta el último detalle, con profusión de datos complejos e inusuales (“pintada totalmente de un color fermés” / “fotografía dedicada de Sugar Ray Leonard” / “una litografía de El grito de Edvard Munch”). O la página dedicada a desgranar los motivos subyacentes de que un cojín esté tirado en el suelo.

El autor domina con maestría los resortes psicológicos de sus personajes, sobre todo en el caso de Ricardo y de Irene, cuya definición consigue hacernos creer que realmente estamos ante dos personajes superdotados, muy lejos de los parámetros humanos convencionales; y todo ello lo hace con un grado de verosimilitud destacable.

Así pues, se puede constatar que el autor tiene oficio y buenas maneras, aunque precisamente su densidad y sus objetivos, en ocasiones abrumadores, están reñidos con su comercialidad. Por ejemplo, el desarrollo de temas tan abstractos e intelectuales como los límites del conocimiento epistemológico y sus consecuencias en Irene. O las páginas dedicadas a la empresa de Braxton y sus complejas operaciones internacionales.

En ocasiones, el estilo recuerda a las primeras obras de José Carlos Somoza, como Clara y la penumbra o La dama número trece, aunque más henchido del academicismo de Umberto Eco y la afición por la enumeración de detalles casi enciclopédicos de Brian d´Amato.

En conclusión, estamos frente a una obra de grandes cualidades, exquisita, culta, interesante en algunos aspectos, pero quizá demasiado extraña y pluscuamperfecta para el público general. Pero resultará una obra interesante para los paladares más exigentes.

Sitio Oficial | Grupo Ajec

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