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'La chica mecánica', de Paolo Bacigalupi

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La primera vez que leí sobre La chica mecánica de Paolo Bacigalupi fue en los Premios Hugo de 2010. Se había llevado a casa el galardón de mejor novela, aunque repartido con China Mieville. Después me enteré que la iban a publicar en este mismo mes de junio, y como ya sabéis que me gusta mucho la ciencia ficción pues no he podido resistirme.

Nos encontramos en el siglo XXII. El mundo sucumbe bajo plagas y la escasez de alimentos es una de las máximas preocupaciones. Tailandia, reino cerrado a los extranjeros, sobrevive gracias a su más preciado tesoro: un ingente banco de semillas. Allí se encuentra Anderson Lake, el hombre de confianza de AgriGen, que bajo la tapadera de una fábrica se dedica a buscar incansablemente nuevas muestras de frutas y verduras para su compañía. Sin embargo, la política es débil y pronto los acontecimientos no pararán de sucederse.

Un futuro cercano, demasiado cercano y demasiado plausible, en el que conviven neoseres, piratas genéticos, y hombres de negocios. Un futuro que nos recuerda demasiado a nuestro presente, en el que la codicia, el dinero y el poder son capaces de barrer naciones enteras y destruir ciudades. Unos pocos que luchan por el poder, una población que vive con el terror constante a morir en una nueva mutación de un virus. Gatos que aparecen y desaparecen, creados en laboratorios. Bienvenido a tu futuro.

Escrita como una novela coral, las cosas se verán de muy distinta manera depndiendo de donde te posiciones. Así, nos encontramos a Emiko, una chica mecánica, de fabricación japonesa, abandonada por su dueño y obligada ahora a ofrecer un sórdido espectáculo sexual en un prostíbulo. Hasta que diga basta. Conoceremos a Jaidee y Kanya, la pareja de camisas blancas, empleados del Ministerio de Medio Ambiente, enfrentados a algo mucho más importante de lo que creen. Nos intrigará Hock Seng, un tarjeta amarilla, es decir, un anciano chino que ya ha sobrevivido a una masacre y que tiene muy claro que piensa seguir sobreviviendo, al precio que sea…

‘La chica mecánica’ es estremecedora. No sólo por la imaginación desbordante sino por la calidad de su escritura. Tailandia, con su exotismo atrayente, se funde en una amalgama futurista en la que todo es sorprendentemente veraz y, por eso mismo, increíblemente aterrador. Calentamiento global, contracción económica, ecologismo e investigación genética, todo esto y mucho más ofrece esta novela con un ritmo trepidante.

Paolo Bacigalupi ha pasado de ser todo un desconocido a copar las listas de los más vendidos. Y es que, aunque en Estados Unidos ya era muy reconocido por sus relatos cortos (jo, a ver si los traducen también por aquí), el éxito definitivo le llegó con La chica mecánica que, podéis creéroslo, ganó todo los premios habidos y por haber el año pasado: el Hugo, el Nebula, el Locus, el John W. Campbell Memorial… La criaturita dice que han sido muchos años de fracasos continuados y negativas por parte de las editoriales. De hecho, ‘La chica mecánica’ se publicó en Estados Unidos en una pequeña editorial, y de ahí a la gloria, tan sólo un paso… Por supuesto, el éxito se debe en gran parte a los comentarios positivos de los lectores, y evidentemente, también a su calidad.

Una novela brutal, y a la vez increíblemente hermosa. Un vistazo al futuro que nos espera de la mano de las multinacionales alimentarias y el calentamiento global. Una novela que engancha desde la primera página y no deja indiferente, donde sobrevives o mueres, donde la esperanza y el miedo se dan la mano y conviven. Una gran historia, y sin duda, una de las mejores novelas de este año.

Por cierto, os dejo el booktrailer, que a mí me parece la mar de bonito…

Anderson ha pasado tanto tiempo rastreando fotos antiguas que rara vez consiguen impresionarle. Por lo general le cuesta poco trabajo perdonar la ridícula confianza del pasado (el desperdicio, la arrogancia, la absurda abundancia), pero esta vez le irrita: los rollos de grasa que cuelgan del farang, el asombroso excedente de calorías que queda en segundo plano frente al colorido y el atractivo de un mercado que ofrece treinta variedades de fruta: mangostanes, piñas, cocos, desde luego… pero ya no hay naranjas. Ya no existen estas… estas… pitayas, ni esos pomelos, ni esas pelotas amarillas, los “limones”. No queda ni uno. Muchas de esas cosas se han ido para no regresar jamás.

Plaza & Janés
544 páginas
Traducción: Manuel de los Reyes
ISBN: 9788401339400
21,90 euros

Más información | Ficha en Plaza & Janés
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