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'La mano izquierda de la oscuridad', de Ursula K. Le Guin

'La mano izquierda de la oscuridad', de Ursula K. Le Guin
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La luz es la mano izquierda de la oscuridad y la oscuridad la mano derecha de la luz.

La mano izquierda de la oscuridad se publicó en 1969, y fue merecedora de los premios Nebula y Hugo. Es una de las tres principales historias del llamado Ciclo Hainish o Ekumen, junto con El nombre del mundo es bosque y Los desposeídos. En 2008 Minotauro las publicó en un volumen conjunto, Los mundos de Ursula K. Le Guin, y este mes ha reeditado la que se considera la novela más emblemática de la autora, ‘La mano izquierda de la oscuridad’.

La trama gira en torno a la estancia de Genly Ai, un enviado terrestre del Ekumen, al planeta Gueden, también conocido como Invierno por atravesar una edad glaciar. El Ekumen podría definirse como una liga interplanetaria compuesta por los “mundos inhabitados” (es decir, por aquellos que no son ni los planetas conocidos ni sus colonias) cuyo propósito, en este caso, es que Gueden se una a la alianza. Por ello, Genly Ai lleva dos años en Karhide (uno de los dos reinos más importantes de Gueden) esperando una audiencia con el rey. Cuando llega el momento, todo apunta a que el rey no goza de un juicio sano, ve al Enviado como una amenaza y a su primer ministro, Estraven, como ejemplo de traición.

En un intento por conseguir en otra ciudad lo que ha resultado imposible en Karhide, Genly Ai viaja a Orgoreyn, donde Estraven cumple su exilio. El rechazo de los orgotas hacia Genly provoca el reencuentro entre éste y Estraven que, a partir de este punto, deberán convivir en duras condiciones.

Lo realmente destacable en ‘La mano izquierda de la oscuridad’ es, de nuevo, aquello que caracteriza la prosa de Le Guin: la vertiente antropológica y filosófica con la que envuelve casi todas sus historias y que, en el fondo, se erige como eje sustancial de lo narrado. El tema central ya no son los hechos aislados que acontecen a sus personajes, sino la existencia de dos civilizaciones enfrentadas que, sin embargo, podrían convivir pacíficamente por el beneficio mutuo. Hay distancia entre Orgoreyn y Karhide, tan cercanas la una de la otra, y entre estas y lo que Genly Ai representa. El temor ante lo desconocido, oposición por ignorancia.

Si ‘El nombre del mundo es bosque’ aborda ese “choque de civilizaciones” desde la ecología y ‘Los desposeídos’ desde una visión utópica, ‘La mano izquierda de la oscuridad’ lo hace desde la diferenciación entre los sexos. Los nativos de Gueden no son hombres ni mujeres, sino hermafroditas que en determinado momento del mes adoptan, durante dos días (kémmer), uno u otro sexo. Todos tienen la capacidad de concebir y todos experimentan, de forma alternativa, el ser hombre y mujer. Pero el resto del tiempo son sexualmente neutros, no existe la diferencia entre roles, la virilidad o la femineidad. Éste es el principal punto de desentendimiento entre los habitantes de Gueden y el Enviado de las estrellas, al que ven como un “depravado, permanentemente en kémmer”.

Dicho así, puede resultar poco más que curioso como argumento de ficción, pero si nos detenemos un segundo no es tan fácil imaginar un mundo, nuestro mundo, sin la oposición hombre-mujer. Dejemos de lado los aspectos más evidentes y suprimamos lo que suele tildarse de “machista” o de “feminista”, nuestra sociedad continúa sustentándose, de un modo u otro, en esa diferencia, aunque sea en términos de igualdad. En la historia de Le Guin ni siquiera es posible esa igualdad dentro de la diferencia, porque sencillamente no existe ninguna diferencia.

Los problemas de conexión entre Genly Ai y Estraven surgen, en su mayoría, por este aspecto. Cada uno ha interiorizado una cultura en donde la neutralidad o la distinción sexual determinan cada acto, cada norma de cortesía, cada debilidad o cada fortaleza.

Cuando escribí 'La mano izquierda de la oscuridad', yo era una de aquellas feministas primerizas que trataban de romper las fronteras de género convencionales (realmente primeriza, la verdad). Aunque desde entonces ha llovido mucho, mi fidelidad a la idea de que la evaluación de los méritos humanos en virtud del género constituye un error no ha hecho más que acrecentarse.

Más información | Ficha en Ediciones Minotauro En Papel en blanco | Los mundos de Ursula K. Le Guin

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