Compartir
Publicidad

[Un relato a la semana] ‘Los que se alejan de Omelas’ de Ursula K. Le Guin

[Un relato a la semana] ‘Los que se alejan de Omelas’ de Ursula K. Le Guin
Guardar
1 Comentarios
Publicidad
Publicidad

Al pensar en un relato para esta sección recordé casi al instante este texto leído hace unos años, en mi primer acercamiento a Ursula K. Le Guin. No soy asidua del género de la ciencia-ficción, pero reconozco que he tenido algunos “flechazos” que, por suerte, han pasado a convertirse en esos libros a los que siempre deseo regresar. Este cuento aparece recogido en Las doce moradas del viento y recibió el Premio Hugo al mejor relato corto en 1974 (a su vez, la antología fue merecedora del Premio Gigamesh en 1986).

Como indica la autora, ‘Los que se alejan de Omelas’ (‘The ones who walk away from Omelas’) es una variación sobre un tema de William James, filósofo y profesor de psicología, y hermano menor del escritor Henry James. Uno de sus ensayos más conocidos es el que lleva por título ‘El filósofo moral y la vida moral’, publicado en 1897. A raíz de su lectura, Le Guin escribió este cuento breve en el que, tras el elemento fantástico, se desprende una reflexión moral y antropológica. Precisamente esto último es lo que me resulta más atractivo en su literatura: la preocupación social y ética en un marco de ciencia-ficción y fantasía.

‘Los que se alejan de Omelas’ es un cuento un tanto atípico, fundamentalmente descriptivo y carente de acción. El primer párrafo nos sitúa en una ciudad de apariencia ideal, en la que reinan la armonía, la belleza y la felicidad. Omelas abre sus puertas al Festival del Verano con música, danza y desfiles alegres. Sus habitantes no son simples pero sí felices, carecen de reglas y leyes, de monarquía y de esclavitud: no son dulces pastores, pero tampoco bárbaros. Todo apunta, en la propia apreciación del narrador, a que nos encontramos en un país de cuento de hadas.

Sin embargo Omelas guarda un secreto, algo que nadie considera delito…, pero que rompe la armonía y la prosperidad de la ciudad. Es en este punto en el que Le Guin enlaza con William James:

… si se nos ofreciese la hipótesis de un mundo en el que las utopías […] estuvieran superadas y millones de personas fueran permanentemente felices con la simple condición de que cierta alma perdida más allá del límite de las cosas llevase una vida de solitaria tortura, ¿qué puede ser, excepto una específica e independiente emoción, lo que nos haga sentir inmediatamente, incluso aunque surja un impulso en nuestro interior que nos lleve a aferrarnos a la felicidad así ofrecida, lo espantoso que puede ser su disfrute cuando se acepta deliberadamente como el fruto de tal ocasión?

Todos conocen el secreto de Omelas; los hay que lo han visto, mientras otros se contentan con saberlo. En el delito ‘que no es delito’ descansa la felicidad de sus habitantes o, mejor dicho, de todos menos de uno... Esa tortura, esa depravación constante y consentida constituye una garantía por la que el sufrimiento de uno permite la dicha del resto.

Omelas festeja su celebración estival y renueva su armonía. El sótano secreto no celebra su silencio. Y, de vez en cuando, alguien camina hacia los campos, alejándose de Omelas, sin intención de regresar.

El relato | Los que se alejan de Omelas En Papel en blanco | Un relato a la semana

Temas
Publicidad
Comentarios cerrados
Publicidad
Publicidad
Inicio