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Italia y Google digitalizarán un millón de libros anteriores a 1868

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A fin de subir otro pequeño peldaño de la difusión cultural sin barreras, Goggle y el gobierno de Italia firmaron ayer un acuerdo, el primero del mundo de este tipo, para digitalizar hasta 1.000.000 de libros de las bibliotecas nacionales de Roma y Florencia.

Un peldaño más para materializar la biblioteca universal borgeana.

Entre los autores digitalizados (y que no reclamarán derechos de autor, a menos que se organice alguna sesión de espiritismo) encontramos a Petrarca, Dante o Leopardi. Además, el catálogo cuenta con una amplia variedad de textos científicos y políticos.

Los 100 millones de euros que cuesta el proyecto los abonará Google Books, para posteriormente dar acceso gratuito a las obras (¿quién dijo que para ganar dinero con contenidos hay que vender los contenidos o racanear derechos de autor hasta 70 años después de la muerte?).

El presidente de la división de ventas y desarrollo de negocio global de Google, Nikesh Arora, sostiene que el proyecto ayudará “a la conservación de una parte relevante de la herencia cultural mundial.”

Todavía es demasiado utópico imaginar una operación parecida a ésta con obras contemporáneas (o al menos no tan antiguas, todavía bajo las siete llaves del copyright). Tal vez no lo sea tanto.

Sólo es necesario un cambio de paradigma mental (algo lento y laborioso antes, pero bastante más veloz en un mundo interconectado). Un cambio que asuma que los modelos de negocio no son para siempre. Que la cultura no puede compararse al pan o a cualquier otro producto mercable porque la tecnología ha permitido copiar la cultura con un coste próximo a 0 (la cultura, entonces, sería comparable al oxígeno, y nadie en su sano juicio quiere hacer negocio con la venta y distribución de oxígeno).

En definitiva, que ya no es válida la idea de comerciar con el uso de la cultura, ni tampoco con su distribución o impresión. La industria tendrá que buscar nuevos modelos de negocio. Los autores deberán cobrar de otra forma por su trabajo (quizá por obra, como el periodista cobra por artículo, sin más; quizá de una de las múltiples formas que se atisban en el horizonte).

Y el cambio de paradigma mental deberá llegar pronto, por mucha rabia y pereza que dé, por mucho que nuestra mente no esté preparada para ello. Porque los cambios que se avecinan son imparables.

Vía | La Vanguardia

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