Compartir
Publicidad

Los malditos derechos de autor (I)

Los malditos derechos de autor (I)
Guardar
8 Comentarios
Publicidad
Publicidad

A propósito del revuelo (mayormente internauta) generado por el Proyecto de Ley Sostenible, vale la pena aclarar unos cuantos puntos. Todos ellos, puntos de vista muy subjetivos, muy viscerales y, por tanto, muy criticables (para eso están vuestros comentarios). Pero tal vez mis puntos permitan abrir nuevas vías de debate.

El primero y más importante, el título de este artículo. Malditos derechos. Sí, malditos. Porque se han vuelto malditos en el momento en que, para preservarlos, hay que pisotear otros derechos todavía más fundamentales: como el derecho a la información o el derecho a la privacidad. Son malditos porque son derechos que se esgrimen con mañas orwellianas. Son malditos porque sólo favorecen a una minoría de ciudadanos: los que ganan mucho dinero con un modelo de negocio obsoleto.

Luego está el asunto aparentemente baladí de que te pueden cortar Internet si creen que estás pirateando. A todas luces, es una medida insultante. Una medida que considera Internet como un juego, un capricho, un ocio que se puede suprimir como se veda el paso a una discoteca de Ibiza o se suspende un permiso de conducir por haber cometido una infracción. Es decir, una medida insultante porque denota analfabetismo digital. Cortar Internet, hoy por hoy, es delirante por dos motivos:

El primero: cada vez es más sencillo acceder a Internet, siempre habrá alternativas, Internet será como el oxígeno, y tenderá a ser universal y gratuito. El segundo, que toma más fuerza si se incumple el primero: vedar el paso a la información no es un castigo o una penalización, es un crimen. Es como prohibir que se respire. Es como prohibir el acceso a la biblioteca. Es como evitar que se lean periódicos, se escriban libros o se tarareen canciones. Cortar Internet no es una medida paliativa ni un escarmiento, es una injusticia.

El segundo punto tiene que ver con la idea de que la cultura se protege gracias a los derechos de autor. Si hay protección, puede existir la explotación comercial. Si hay explotación comercial, el autor puede vivir de la cultura que genera, y eso incentiva que haya más creadores.

Esta idea, en apariencia razonable, es falaz por infinitos motivos que implican disciplinas tan diversas como las neurociencias, la genética, la historia o la política. Por de pronto, la mayoría del tiempo en que el ser humano ha sido creador y consumidor de arte y cultura, no han existido los derechos de autor. Sin embargo, no conocemos ninguna época histórica en la que no haya existido creación y difusión artística y cultural por ese motivo.

El ser humano crea arte por razones que trascienden lo económico. No es el lugar para profundizar en ellos, así que sólo los mencionaré de pasada: el autor crea para obtener estatus, para realizarse, porque está codificado en sus genes, porque somos seres esencialmente meméticos, por el simple deleite estético. Y hasta el momento, desde el inicio de esa supuesta protección de los derechos de autor, la mayoría de autores no vivían de su trabajo. De hecho, ni siquiera alcanzaban al salario mínimo interprofesional.

En la siguiente entrega de este artículo, mencionaré otros tantos puntos a tener en cuenta.

En Papel en Blanco | En defensa de los ciudadanos en Internet

Temas
Publicidad
Comentarios cerrados
Publicidad
Publicidad
Inicio