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Rosa Regás y Cesar Antonio Molina intercambian acusaciones

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Qué razón tenía Juliana al vaticinar que el culebrón de la Biblioteca Nacional no había hecho más que empezar. Y qué poco le ha durado la lealtad política a Rosa Regás (curiosamente, lo mismo que el puesto). Ella, que hacía gala hace unas semanas de su disciplina de voto , ha arremetido contra el ministro de Cultura César Antonio Molina acusándole nada más y nada menos que de entorpecer la investigación por el robo de los incunables por informar a la prensa, de no haber escuchado sus explicaciones y de ser un hombre "colérico".

Pero Molina no se ha quedado atrás, no crean. En una encendida intervención en el Congreso, que parece dar la razón a Regás al menos en el último punto, ha negado que reprochara a la todavía directora de la BNE que no hubiera hecho nada en sus tres años en el cargo. Recordemos que esa era la frase que esgrimió Regás para justificar su dimisión. Lo que sí ha asegurado es que Regás pretendía tapar el asunto de los robos y que fue él mismo quién la hizo regresar de sus vacaciones para ocuparse del asunto.

¿Lo peor de todo? Que Regás no niega haber intentado ocultar el robo. Según ella ha habido cientos de robos en la Biblioteca que se han resuelto manteniéndolos en secreto. Molina, continúa, desoyó a la Guardia Civil obligándola a dar una rueda de prensa. Acto seguido, Regás ha sacado el conejo de la chistera: ella ya tiene un culpable. Que seguramente ya esté huido porque, al contrario que Regás, él sí leerá los periódicos.

La Guardia Civil no ha querido confirmar si realmente tiene al culpable y se ha limitado a declarar que trabaja con varias líneas de investigación. Por su parte, el embajador Estella ha negado rotundamente haber avalado nunca a nadie para obtener un carné de investigador.

Sólo dos reflexiones. La primera, que me parece paradójico pretender que se ha entorpecido la investigación informando públicamente de ella para luego empezar a lanzar acusaciones a vuelapluma sobre terceros hombres surgidos de la Pampa que desaparecen sin dejar rastro. Especialmente ridículo es el argumento según el cuál los libros robados se encuentran mejor si se mantiene en secreto. ¿Acaso no es mejor que los coleccionistas y las casas de subastas estén ojo avizor por si pasa un mapamundi de Ptolomeo por sus manos, Sherlock?

Y lo segundo, que la caída en barrena de Regás no tiene ya freno. Pero peor aún, parece empeñada en arrastrar a todos consigo, incluso el prestigio de las instituciones. No ha tardado ni un día en saltar de la carta del machismo a la del complot. No ha dudado ni en implicar al mismo presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, afirmando que está segura de que no comparte la decisión de su ministro.

No sé qué certezas tiene Rosa Regás para confiar tanto. No serán las mismas que le hacían afirmar que tenía el apoyo de Molina hace no mucho. Y no sé realmente qué la impulsa. ¿Venganza? ¿Ego? Lo cierto es que noto como toda la indignación que me había provocado esta historia se está convirtiendo en vergüenza ajena. El viernes tendremos nuev@ director(a) de la BNE. Esperemos que a partir del traspaso, ceremonia en dónde el aire podrá cortarse con un cuchillo, podamos ocuparnos de otros asuntos.

Vía | Yahoo! Noticias En Papel en Blanco | Rosa Regás, Biblioteca Nacional de España

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