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5 mitos comúnmente creídos de la literatura (y III)

5 mitos comúnmente creídos de la literatura (y III)
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Las ideas que han cristalizado en al acervo popular acerca de personajes como Sherlock Holmes o los lemmings son completamente erróneas. Sin embargo, persisten, porque, como dijimos en las entregas anteriores, la mayoría de la gente repite lo que oye, se queda con lo que ve en las películas y poco o nada consulta las fuentes originarias.

4. Sherlock Holmes no vestía como Sherlock Holmes

Conan Doyle describió a perspicaz Sherlock Holmes de la siguiente manera: cuerpo enjuto, nariz aguileña, labios finos… muy diferente al espídico Holmes interpretado por Robert Downey Jr. en la última adaptación cinematográfica de Guy Ritchie.

Y también muy diferente a la imagen icónica que todos conservamos de Sherlock Holmes: el sombrero de cazador de gamos, un sombrero que nunca se menciona en la obra de Conan Doyle: es un añadido del ilustrador de The Strand Magazine Sidney Paget (que usó a su hermano como modelo para plasmar el aspecto final de Holmes).

La pipa tan característica tampoco figura en las novelas: no apareció hasta que fue usada en una dramatización de teatro de uno de los relatos en la década de 1920.

5. Los lemmings son suicidas

¿Os acordáis de esos videojuegos protagonizados por lemmings, en el que los lemmings se reproducían por millares y sacrificaban su propia vida para que el grupo salvara cualquier obstáculo?

Si bien es cierto que los lemmings poseen una capacidad reproductora extraordinaria, los suicidios masivos son solo cosa del juego, herencia de un mito que se popularizó a raíz de la película documental de Walt Disney White Wilderness, de 1958, que fue un fraude absoluto.

Aunque el origen del mito hay que buscarlo más atrás, a principios del siglo XX, donde ya en un influyente libro infantil de consulta en el Reino Unido, la Children´s Encyclopaedia de Arthur Mee (1908), decía:

Avanzan en línea recta, por montañas y valles, a través de jardines, granjas, pueblos, manantiales y estanques; envenenan el agua y provocan fiebre tifoidea (…) continúan hasta el mar, y provocan su destrucción metiéndose en el agua (…) Es triste y terrible, pero si ese éxodo funesto no tuviese lugar, los lemmings habrían dejado Europa pelada hace mucho tiempo.
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