Compartir
Publicidad

¿Cómo crear la lengua perfecta? (II)

¿Cómo crear la lengua perfecta? (II)
Guardar
2 Comentarios
Publicidad
Publicidad

El único intento de lengua perfecta que ha tenido cierto éxito ha sido el esperanto, que fue concebido por una tal Ludovic Lazarus Zamenhof (15 de diciembre de 1859).

Zamenhof era todo un polígloto de joven: en su adolescencia ya dominaba el francés, el alemán, el polaco, el ruso, el hebreo, el yiddish, el latín y el griego. Adorador del lenguaje como era, y con la convicción de que un idioma universal que se pudiera aprender fácil y rápidamente podría mitigar muchos males sociales, Zamenhof construyó el esperanto.

Saluton! Cu vi parolas Esperanton? Mio nomo estas Sergio. (Hola. ¿Hablas esperanto? Me llamo Sergio.)

Sin embargo, a pesar de ser el lenguaje artificial más hablado del mundo, apenas lo usan unos pocos millones de personas: una décima parte del 1 % de la población mundial. Así pues, parece ser que poco importan las dificultades intrínsecas de un idioma: las razones por las que las personas deciden hablar un idioma son otras.

Lo que lleva a una lengua a imponerse sobre otra es básicamente una cuestión de política, dinero e influencia. El francés, en su día la lengua más hablada en Occidente, se vio desplazada por el inglés no porque esta lengua fuera mejor, sino porque el Reino Unido y Estados Unidos adquirieron un papel más poderoso e influyente que el de Francia.

O como lo resumió magistralmente el especialista en yiddish Max Weinrich: “Una lengua es un dialecto con un ejército y una flota.”

Así pues, el problema del esperanto es que ninguna nación lo apoya. Sin embargo, el estudio del esperanto nos permite detectar todas las redundancias y complejidades innecesarias que los idiomas que se han desarrollado naturalmente. Por ejemplo, mientras que el alemán cuenta con media docena de maneras distintas de formar el plural, el esperanto sólo tiene una. Cualquier estudiante de idiomas, pues, se levantaría y aplaudiría frente a esa simplificación.

Así y todo, el esperanto tiene sus propias complicaciones. Debido a sus rígidas reglas en cuanto al acento (siempre recae en la penúltima sílaba), es imposible discernir si la palabra “senteme” se compone de sent + em + e (“sentimiento” + “una tendencia hacia” + terminación adverbial). Así la frase “La profesoro senteme parolis dum du horoj” podría significar tanto “La profesora habló con sentimiento durante dos horas” como (¡horror de los horrores!) “La profesora divagó durante dos horas”.

Si buscamos lenguas realmente perfectas, ampliamente usadas por profesionales, aunque sin arraigo entre las personas corrientes, entonces hemos de recurrir a los lenguajes informáticos. Os hablaré de ellos en la próxima y última entrega de esta serie de artículos.

Vía | Kluge de Gary Marcus

Temas
Publicidad
Comentarios cerrados
Publicidad
Publicidad
Inicio