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Críticos, criticantes y criticones

Críticos, criticantes y criticones
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Interesantísima la iniciativa que ha llevado a cabo El Cultural con ocasión de la publicación de Mis Venenos, del crítico francés del XIX Sainte-Beuve. Ha reunido a de lo más granado de la crítica literaria española - Ricardo Senabre, Ignacio Echevarría, Jaime Siles, Darío Villanueva y Vicente Luis Mora - y les ha propuesto responder a las acusaciones más comunes que reciben los que se dedican a esta profesión, además de plantearles qué significa para ellos el oficio de crítico. El cuestionario al que han sido sometidos no puede ser más pertinaz:

  1. ¿Qué es lo que da credibilidad a un crítico?
  2. ¿Cualquiera puede ser crítico? ¿Qué mínimos deben exigirse?
  3. Si comparan la situación de la crítica española con la del resto del mundo, ¿en qué salimos ganando, y en qué perdiendo?
  4. ¿Qué pasa con las acusaciones de excesivo academicismo; falta de conocimientos académicos, dependencia del mercado; amiguismo y compromisos; obediencia a consignas, falta de referencias para comprender la creación más joven?...

El mundo de la crítica literaria tiende a ser impopular: si alabas es que te has vendido, si condenas es que odias al autor (por no decir a todos los autores, ya que eres evidentemente un escritor frustrado), y en ambos casos el veredicto será el mismo: "No tienes ni idea". ¿Pero idea de qué? ¿De lo que el escritor considera que es su obra, de lo que al lector le gustaría leer, de lo que es "bueno" y lo que no, de lo que es "literatura"?

Pero además, por su condición de juicio estético, la crítica literaria adolece de oscurantismo. Es un "tendrás que fiarte de mí". Nunca está de más sospechar y preguntarse por los hilos subterráneos que tejen las relaciones editoriales. ¿Y qué decir de las fobias y filias de cada cuál? Al final, los que nos dedicamos a esto sabemos que lo único que debemos al mundo es transparencia. Sinceridad. Porque acertar, no se acierta nunca, ni aún queriendo. Esas son las reglas de juego.

Por lo demás, me quedo con esta receta de Vicente Luis Mora:

El crítico debería ser tanto o más culto que el escritor más culto de su tiempo. Si el libro plantea epistemes que uno desconoce (medicina en Martín Santos, tecnología en Gibson o Pynchon, filosofía en Musil, estética oriental en Valente, Maillard o Aguado), el crítico tiene dos opciones: callarse o adquirir un mínimo saber antes de emitir juicio al respecto. Añádale un mínimo conocimiento de teoría de la literatura. Además, hay que saber leer. Eso es lo más difícil: no puede estudiarse.

Vía | EL CULTURAL.es En Papel en Blanco | El Senabre insatisfactorio

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