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¿Cuál fue la primera editorial de la historia?

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Para algunos son filtros de la excelencia literaria, megáfonos para las voces más interesantes, dispensadores de letras capaces emocionarnos. Para otros sólo son negocios, comerciantes de jamones, aduanas en las que los autores deben dejar los signos distintivos del talento más heterodoxo. Por supuesto, hablo de las editoriales.

Lejos de polémicas acerbas, lo que es cierto es que las editoriales se han constituido como marcas. Consumir libros de determinada editorial es como calzarse unas Nike: unos lo harán por distinción, otros porque han depositado su confianza en su calidad.

Pero hubo un tiempo en el que nadie se devanaba los sesos con estas consideraciones. Un tiempo en que sólo existía una editorial, así que no había más cera que la que ardía. Pero ¿cuál fue esa primera editorial y qué legado nos ha dejado?

Vamos a situarnos un poco. Démosle a la palanca de nuestra máquina del tiempo y, ¡chas!, plantémonos en la China del siglo VI. Allí surgió la impresión sobre plancha de madera. ¡Chas! En 1040 el chino Pi Sheng ya fabricaba imprentas de tipos móviles. ¡Chas! Cuatrocientos años más tarde, los coreanos mejoraron el invento, desarrollando la tecnología de los tipos móviles de metal.

¿Y Gutenberg? Pues no imprimió el primer libro (la Biblia de 42 líneas) hasta 1455. Con todo, se acepta que Gutenberg descubrió por sí mismo la imprenta de tipos móviles de metal y no recibió ningún chivatazo oriental. Pero eso no es lo importante. Bueno, sí que es importante porque la imprenta supuso el click que necesitaba el mundo a fin de que las ideas circularan libremente.

Pero Gutemberg murió pobre y sin saber muy bien cómo rentabilizar ese magnífico descubrimiento. El que de verdad supo sacarle partido a la imprenta fue otro tipo, no tan conocido como Gutenberg, llamado Aldo Manuzio (1449-1515).

Manuzio, sí, señores, fue el fundador de la primera editorial de éxito: la Aldina de Venecia:

famosa por su gran edición de obras clásicas, la invención de la tipografía itálica o bastardilla, y los primeros libros “de bolsillo”. (…) la mejor prueba del éxito de esta editorial son las numerosas ediciones “piratas” con la marca Aldina. Por lo tanto, el bibliófilo interesado en adquirir “un aldino” hará bien en asegurarse de lo que compra.

Una de las ambiciones de Manuzio era evitar que las obras de la literatura griega cayesen en el olvido o la pérdida física, por lo que las convirtió en sus principales proyectos de edición. Brindó al mundo las ediciones de Hero y Leandro de Museo, el Galeomyomachia, y el Salterio griego. Estos primeros libros no están fechados, pero sin duda son las ediciones más antiguas sacadas por la imprenta Aldina y son considerados como “los precursores de la biblioteca griega”.

Quizá el legado más importante de la primera editorial de la historia sea su logotipo: un ancla y un delfín. Hoy en día (¡Chas!, regresemos en el tiempo), el ancla y el delfín se emplean en los símbolos y nombres de diversas editoriales y librerías modernas como Anchor Books, o la librería Áncora y Delfín, en Barcelona.

Vía | Historia del mundo con los trozos más codiciados de Fernando Garcés Blázquez

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