Compartir
Publicidad

Cuando leer es más importante que ver

Cuando leer es más importante que ver
Guardar
6 Comentarios
Publicidad
Publicidad

Se suele decir que una imagen vale más que mil palabras. A mi juicio, no siempre es así. Depende de la imagen, y también depende de las palabras que escojamos. Mil palabras muy bien escogidas pueden tener un impacto que difícilmente conseguirá una imagen. Pero hay imágenes que transmiten algo a lo que no tiene acceso la palabra.

Así pues, como toda sentencia aforística, está entreverada de matices. Por eso no acabo de entender la afición de la gente por las supuestas frases que encierran una sabiduría inexpugnable y eterna, extrapolable a todos los casos. Pero ese es otro tema del que hablaré otro día.

Lo que me interesa hoy es la imagen VS la letra. ¿Quién nos transmite mejor un amanecer? ¿Impresión, amanecer de Monet o una descripción de un amanecer escrita, por ejemplo, por Proust?

Ambos artistas emplean una estrategia descriptiva que sintonizan con las palabras de Emily Dickinson, de que hay que “decir toda la verdad, pero sesgadamente.” Es decir, que ambos autores evitan ser explícitos, se limitan a plasmar impresiones. Así pues, ¿qué nos impresiona más?

Ambos autores apelan al lector/vidente a contribuir de una forma activa en las composiciones y, por tanto, a experimentarlas más íntimamente.

Pero a nivel íntimamente cerebral, diversos experimentos han sugerido que la lectura es un acto neuronal e intelectualmente tortuoso. De las letras nos llega menos información en bloque, y debemos ir rellenando los huecos con nuestras idiosincrasias. La plasticidad de la lectura, en ese sentido, es difícilmente alcanzable por una pintura, aunque la pintura esté en movimiento y acompañada de sonido y gafas 3D.

Las fértiles asociaciones, deducciones e interpretaciones que surgen en la lectura nos permiten ir más allá del contenido específico para dar forma a nuevos pensamientos. Tal y como dijo el propio Proust:

Damos por sentado que nuestra sabiduría empieza donde acaba la del autor, y nos gustaría que nos diera respuestas cuando todo lo que puede hacer es ofrecernos deseos. Y esos deseos sólo puede despertarlos en nosotros haciendo que contemplemos la suprema belleza que su última obra de arte le ha permitido alcanzar. Pero por (…) una ley que quizás implique que no podemos obtener la verdad de nadie, y que debemos crearla nosotros mismos, que al final de su sabiduría no nos parezca sino el principio de la nuestra.

Frente a esto, la experta en lectura Maryanne Wolf se formula unas preguntas muy pertinentes: ¿empezará a cambiar y a atrofiarse el componente constructivo que anida en la esencia de la lectura, mientras que nos movemos hacia un texto presentado en pantalla en el que aparecen de inmediato cantidades ingentes de información (imágenes, sonidos, hipervínculos…)?

¿Habrá entonces tiempo para procesar la información de manera más deductiva, analítica y crítica?

¿Deberíamos empezar a proporcionar una formación explícita para leer las diversas modalidades de presentación de textos, a fin de garantizar que nuestros hijos aprendan múltiples maneras de procesar la información?

Vía | Cómo aprendemos a leer de Maryanne Wolf

Temas
Publicidad
Comentarios cerrados
Publicidad
Publicidad
Inicio