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Descubriendo tu huella literaria

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Esto no va de tu huella digital. Esto no es CSI. Esto va de tu huella literaria, que puede incriminarte de la misma forma que lo hace tu huella digital o tu huella genética.

Todos, al expresarnos, empleamos unos patrones lingüísticos que nos identifican. Es lo que se denomina idiolecto. Se manifiesta en una selección particular del léxico, de la gramática y también en palabras, frases y giros peculiares, así como en variantes de la entonación y la pronunciación.

En 1886, un físico estadounidense llamado Thomas Mendenhall se obsesionó hasta tal punto con los patrones lingüísticos que trató de resolver el debate eterno acerca de si algunas de las obras de William Shakespeare habían sido en realidad escritas por Francis Bacon. (Si queréis leer una deliciosa historia que bromea a menudo con esta idea o simplemente sois amantes de los libros en general, os recomiendo la saga de Thursday Next).

Para ello, Mendenhall comparó la frecuencia y la distribución de palabras cortas y de cuatro letras en el texto de ambos autores.

Un filósofo polaco llamado Wicenty Lutoslawski se lo tomó mucho más en serio, pero centró sus obsesiones en los diálogos de Platón. Para determinar la secuencia en la que Platón escribió sus diálogos, definió más de 500 características estilísticas en la obra e inventó una fórmula para contarlas y ordenarlas jerárquicamente en función de su importancia. Pensó que cualquier muestra de escritura estadísticamente (y estilísticamente) próxima a otra debería haber sido también escrita en un momento cercano en el tiempo.

Elucubraciones similares han ocupado la mente de Dan Rockemore, profesor de matemáticas y de ciencia computacional en el Darmouth College, y profesor externo del Instituto de Santa Fe especializado en estadísticas del estilo:

Simplemente se dibuja un gráfico en el que el eje vertical es el porcentaje de los textos de un autor en los que encontramos un cierto perfil estilístico, y el eje horizontal es el año en que cada texto fue escrito. Esto nos dará un tipo de línea. Cualquier texto de ese mismo autor con el que nos encontremos después encajará en algún punto de esa línea.

Con todo, el analista matemático que llegó más lejos en busca de definir la huella digital de un autor fue el ruso del siglo XIX Andrei Markov, que incluso llegó a calcular la frecuencia de ciertos fonemas y palabras para predecir las palabras que más probablemente los rodean. Por ejemplo, en una muestra de texto coloquial, es casi seguro al 100 % que la palabra “tic” estará seguida por “tac”. Aunque no tan seguro, también es altamente probable que la expresión “una docena de” esté seguida de la palabra “huevos”.

Es Rockemer de nuevo el que habla de Markov:

Una de las primeras cosas que hizo Markov con su modelo fue analizar las cadencias de la novela en verso de Aleksandr Pushkin Eugenio Onegin. Esto no hizo que nadie viera la obra de Pushkin de un modo diferente, pero si seguimos la senda de las cadenas de Markov, es ahí donde empieza.

Hoy en día, incluso los modelos de Markov se emplean para estudiar física y química y en el software de reconocimiento de voz.

Los programas informáticos que detectan huellas literarias cada vez son más potentes, hasta el punto de que se emplean en litigios para dirimir si un autor ha plagiado a otro. O incluso para descubrir a quién corresponde un libro anónimo.

Fue el caso del periodista político Joe Klein, quien publicó en 1996 su novela Primary Colors (una novela de la campaña presidencial de Bill Clinton que incluso tuvo adaptación cinematográfica). Klein no firmó su obra y la presentó como anónima. Pero su máscara duró poco tiempo, como ocurre en CSI.

Había muchas pistas que le señalaban, y no fue su familiaridad como reportero con la campaña de Clinton sino un análisis informático realizado por el profesor de literatura inglesa Donald Foster, del Vassar College, lo que localizó exactamente pequeños detalles idiosincrásicos de la escritura de Klein, lo que le obligó a salir finalmente de la sombras. Apenas seis meses después de la publicación de este libro que fue un éxito de ventas, celebró una conferencia de prensa para reconocer que él era el autor.

Vía | Simplejidad de Jeffrey Kluger

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