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¿El arte se agotará algún día?

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Hay dos clases de personas en el mundillo del arte. Las que piensan, de forma optimista, que el arte es infinito, inabarcable, y que jamás nos lo podremos acabar (salvo en experimentos mentales como la biblioteca de todos los libros que pueden existir de Borges).

O las que piensan, de forma pesimista, que el arte, más concretamente la literatura, ha muerto, que todo es una copia de una copia y que ya no hay nada nuevo bajo el sol.

Ambas clases de personas están equivocadas. Al menos un poco.

El universo es finito. Se estima que el total de todas las partículas del universo es de un 1 seguido de 80 ceros. Así pues, todo lo que en él suceda también es finito. Aunque la misión del arte no es buscar nuevas ideas sino expresar las mismas de maneras diferentes. En ese sentido, el arte es una copia de una copia. Y las copias posibles, aunque finitas, son tan elevadas que no hay tiempo suficiente en el universo para confeccionarlas. O mejor: para disfrutarlas.

Vayamos a los números con un ejemplo sencillo. Los sonetos.

Un soneto es una composición poética que consta de catorce versos endecasílabos, distribuidos en dos cuartetos y dos tercetos. Para construirlo poseemos, digamos, de 85.000 palabras en castellano. Así pues, el número de sonetos libres que se pueden llegar a componer es de un 1 seguido de 415 ceros (más que partículas en el universo).

Evidentemente, la mayoría de estos sonetos no tendrán sentido. Otra gran parte serán malos sonetos. Pero, aún así, ni todos los seres humanos que quedan por nacer, obsesionados todos por los sonetos, escribiendo todo el día y toda la noche sin descanso, podrían concebir jamás todos los sonetos medianamente pasables que quedan por escribir antes de que todas las estrellas del universo se apaguen.

Imaginad que el número de novelas posibles es mucho mayor. Un 1 seguido de 10.354.918 ceros es el número de novelas posibles de 200 páginas a 360 palabras por página. El filósofo Daniel Dennett ahondaba todavía más en esta especulación basándose en las ideas de Jorge Luis Borges para su Biblioteca de Babel, la biblioteca de todos los libros posibles:

Supongamos que cada libro tiene 500 páginas y cada página tiene 40 líneas de 50 espacios, de modo que hay dos mil caracteres por página. Cada espacio o está vacío o tiene un carácter impreso en él, escogido entre un conjunto de 100 (las letras mayúsculas y las letras minúsculas del inglés y de otras lenguas europeas, más los espacios vacíos y las marcas de las puntuaciones). (Borges escogió cifras ligeramente diferentes: libros de 410 páginas con 40 líneas de 80 caracteres cada una. El número total de caracteres por libro es bastante cercano al mío: 1.312.000 frente a 1.000.000, lo cual no representa mucha diferencia. Yo escogí números redondos para un más fácil manejo). En algún lugar de la Biblioteca de Babel hay un volumen constituido en su totalidad por páginas en blanco y otro volumen lleno de signos de interrogación, pero la inmensa mayoría consiste en un galimatías tipográfico: ninguna regla ortográfica ni gramatical, y, por descontado, ninguna regla de sentido, prohíbe la inclusión de un volumen. Dos mil caracteres por página, a 500 páginas por libro, suman 1.000.000 de caracteres por libro, así que para 100 libros la cifra de caracteres es 1001.000.000. Dado que se estima que en la región del universo hay solamente 10040 (más o menos) partículas (protones, neutrones y electrones) que podemos observar, la biblioteca de Babel no es ni de lejos un objeto físicamente posible.

Así es el arte. Sideral. Finito pero infinito. Copia de una copia de una copia hasta un número tan alto que nunca habrán suficientes artistas para reproducirlas todas. Lo cual es una suerte: al menos nadie podrá registrar todas las obras posibles bajo un copyright tan restrictivo como el de Disney, y siempre nos quedará un resquicio por el que colarnos y crear algo que no pertenezca intelectual o mercantilmente a nadie.

Como estaréis intuyendo, estas operaciones matemáticas también pueden extrapolarse a la existencia de seres humanos. Un ser humano no deja de ser un libro. Concretamente, un libro escrito por un texto genético de cuatro letras (A,C,G,T) de una longitud determinada. Su ADN. Su libro de instrucciones que indica qué aspecto tendrá, que disposiciones mentales desarrollará, etc.

Así pues, el número de combinaciones de esos textos es limitado. El número de seres humanos/libro es finito (es improbable, pero un día podría nacer un clon perfecto a ti en cualquier lugar del mundo o de la historia). Concretamente, en base a su ADN, el número de seres humanos posible es de un 1 seguido de mil millones de ceros. La mayoría de ellos serían mutantes inviables, pero una parte serán viables. Y una pequeña parte, todavía gigantesca, serán escritores con talento.

Vía | Ideas para la imaginación impura de Jorge Wagensberg / La peligrosa idea de Darwin de Daniel C. Dennett

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