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El manuscrito más rechazado de la historia. El autor de menos éxito. Y el crítico menos perspicaz.

El manuscrito más rechazado de la historia. El autor de menos éxito. Y el crítico menos perspicaz.
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No hay nada más desazonador para un autor que el rechazo de su manuscrito por parte de una editorial. Muchos escritores, tras la carta de rechazo, se replantean volver a escribir. Otros hacen añicos la obra. Los más cínicos, coleccionan las cartas de rechazo, que cualquier por doquier para acordarse de lo mediocres que son (o de lo mediocres que resultan los expertos que trabajan en una editorial).

Hay manuscritos que, en su día, fueron rechazados por muchas editoriales y que, finalmente, al ser editados, obtuvieron un éxito rutilante. La razón de ello es que muchos editores persiguen, sobre todo, que la obra que tienen entre manos resulte comercialmente rentable. Pero las cábalas que podemos hacer al respecto no son mucho más fiables que consultar la bola de cristal: si no fuera así, montar una editorial sería un negocio tan seguro que hasta los bancos invertirían en ello.

Sin embargo, hay manuscritos que parecen tener la negra. Es el caso del libro World Government Crusade (Cruzada del gobierno mundial), escrito por Gilbert Young. Posiblemente el manuscrito más rechazado de la historia. Literalmente ha sido rechazado cientos de veces.

El libro es un compendio de los punto de vista políticos del autor. Su principal tesis es la institución de un gobierno para el mundo entero y un solo idioma obligatorio. Según cuenta Stephen Pile en El libro de los fracasos heroicos a propósito de este manuscrito:

En 1973 escribió al embajador de la Unión Soviética para preguntarle si podría interesarle a algún editor ruso. En 1958 este antiguo agente de seguros fundó el Partido del Gobierno Mundial y de los Viejos Pensionistas. Perdió el aval las tres veces que se presentó a las elecciones generales en Bath, donde organizó un acto político que atrajo a un público de una persona.

Otro problema aparejado al proceloso mundo editorial es el conseguir que, finalmente, editen tu obra. Ahora ya está, pensaréis. Sin embargo, lograr editar es justo el inicio de otra ordalía en la que tu ego puede quedar ciertamente magullado: descubrir que tu obra no se vende, que no interesa a nadie o que reciben críticas demoledoras.

Es lo que le ocurrió a William G. Gold, posiblemente el autor con menos éxito de la historia. No en vano, ganó solo 28 peniques por escribir más de tres millones de palabras en un período de 18 años. Esta remuneración le llegó el 24 de mayo de 1974 por un artículo que le encargó un periódico de Camberra.

Un crítico, a menudo, puede ser uno de los obstáculos que se ponen en el camino al éxito de una obra. No obstante, los críticos también se equivocan. Y mucho. Que se lo pregunten a lord Halifax, que importunó en varias ocasiones a Alexander Pope mientras leía un poema suyo para sugerirle algunos cambios apreciables y absurdos. Sigue Stephen Pile:

Después del recital un buen amigo de lord Halifax, un tal doctor Garth, llevó al asombrado Pope a un aparte. “No hace falta que retoque esos versos”, le dijo. Lo que tiene que hacer es dejarlos como está, llamar a lord Halifax dentro de dos o tres meses, darle las gracias por sus amables observaciones sobre esos fragmentos y leérselos como si los hubiera cambiado.” Pope siguió su consejo, llamó a lord Halifax y le leyó el poema exactamente igual a como estaba antes. Sus penetrantes facultades críticas no habían perdido un ápice de su clarividencia. “Sí, ahora está perfecto. No podría estar mejor.
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