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Exégesis forense de un libro: paralelismos con el ADN

Exégesis forense de un libro: paralelismos con el ADN
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Los filólogos usan técnicas muy parecidas a la de los biólogos evolutivos a la hora de averiguar la genealogía de un texto. El ADN y las letras de la literatura, en ese sentido, son de la misma naturaleza.

Uno de los mejores ejemplos de esta idea es el Canterbury Tales Project. Un ejército de filólogos se han enfrentado a un análisis propio de los códigos genéticos para reconstruir la historia de 86 obras manuscritas diferentes de Los cuentos de Canterbury, de Chaucer (para quien no la haya leído, quizá le suene más Los cantos de Hyperion, de Dan Simmons, que se basa estructuralmente en esta obra).

Estos manuscritos fueron escritos y copiados a mano antes de que se inventara la imprenta. Las copias, pues, están sujetas a errores o mutaciones, tal y como sucede con la herencia genética. Pero anotando meticulosamente todas las diferencias entre manuscritos y copias de las que disponen los filólogos, se puede construir una especie de árbol evolutivo del texto.

Lo primero que se hace para establecer comparaciones entre textos es alinearlos: sólo así captaremos las semejanzas y las diferencias. Esto no siempre es fácil, porque los textos pueden estar incompletos o revueltos y ser de diferente extensión.

Como ejemplo, analicemos los dos primeros versos del Prólogo general de cuatro versiones manuscritas de Los cuentos de Canterbury:

1) la versión de la Biblioteca Británica, 2) la Christ Church, 3) la Egerton y 4) la Hengwrt:

Whan that Aprylle / wyth hys showres soote Tje drowhte of Marche / hath pcede to he rote
Whan that Aurell w his shoures soote The drowte of Marche hath pced to the roote
Whan that Aprille whith his showres soote The drowte of marche hath pcede to the roote
Whan that Aueryll w his shoures soote The droghte of March / hath pced to the roote

La traducción es: Cuando abril con sus fragantes lluvias haya calado hasta la raíz de marzo.

Aquí se localizan 16 diferencias. Una vez analizadas todas las variantes, se trata de averiguar cuál es el árbol que mejor las explica. Hay muchas formas de hacerlo y todas ellas pueden usarse tanto en el ámbito biológico como en el filológico. La más sencilla es agrupar los textos en función de su semejanza parental.

Una computadora es una gran ayuda cuando las cosas se ponen difíciles.

En primer lugar, se debe encontrar el par de textos que son los más similares. A continuación, se trata esta pareja como un texto único en promedio, y se pone junto a los restantes textos mientras buscamos el siguiente par más similar. Y así sucesivamente, formando grupos sucesivos, anidados en un árbol de relaciones.

Si os suena un poco a chino, es natural.

Si dos textos tienen una característica común, la explicación más lógica es que conjuntamente la hayan heredado de un antepasado común en lugar de que cada uno haya evolucionado de forma independiente. Es muy lejos de ser una regla invariable, pero al menos es más probable que sea cierto que a la inversa. Curiosamente ocurre lo mismo con los organismos vivos sometidos a las leyes de la evolución.

En ese sentido, las reglas evolutivas orgánicas y literarias guardan muchas similitudes. Como si los libros albergaran una suerte de código genético que, acaso, nos permita, en un futuro donde la computación se desarrolle aún más, realizar exégesis más concienzudas y más esclarecedoras (y seguramente menos arbitrarias que las que critiqué en el artículo Si no lo entiendes así es que no entiendes lo que lees).

Vía | El cuento del antepasado de Richard Dawkins

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