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Jaime Salinas y el clásico oficio del editor

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Desde hace tiempo tengo deseos de escribir alguna(s) entrada(s) acerca de la ¿aparente? muerte de la figura del editor en manos de la redes sociales y las tecnología de la información. El tema es vasto y fascinante y por ello dificil de asir, pero hoy he tenido abierta todo el día la ventana de una entrevista que Juan Cruz le hizo hace unos años a Jaime Salinas, y ello me ha dado pie a no posponer la decisión de barruntar unas líneas en torno al tema, sin la pretensión de llegar a una conclusión final sino más de comenzar a reflexionar en torno a lo que ha sido es y será el papel del editor en el mundo editorial.

Salinas, recientemente fallecido, es considerado por unanimidad una de las figuras más importantes de la historia de la edición en España. Con su desaparición física resulta casi obligatoria la pregunta en torno al futuro de los editores y el estado de salud del mundo editorial en general. ¿Ha muerto el editor? ¿Qué es un editor? ¿Cómo ha de ser un editor para los nuevos tiempos "enredados"? Son apenas unas pocas preguntas que podrían dar mucha tela que cortar y lineas que escribir.

Se ha dicho de Salinas que fue un editor sin vocación que reinventó el libro y, si bien es cierto que no tenía una vocación editorial definida en sus primeros años, se ve que la pasión por los libros la llevada en la sangre, cosa comprensible ya que era hijo del gran Pedro Salinas. Jaime Salinas nació en 1925 en Argelia y estuvo siempre en movimiento al compás de las mudanzas de sus padres en el exilio. Participó en la 2a Guerra Mundial como conductor de ambulancias y terminó estudiando y graduándose en la Universidad John Hopkins.

De vuelta en Europa llega a París donde vive varios años hasta que en un viaje a España decide aceptar una oferta de trabajo en la editorial Seix Barral en los tiempos en que Carlos Barral apostaba por lo más novedoso literariamente hablando de toda hispanoamérica. Y fue justamente Barral quien formó a Salinas como el gran editor que terminó fue dándole el empuje a la posteridad a Premio como el Seix Barral de Novela o el Formentor. Luego pasó por Alianza Editorial, Alfaguara y Aguilar, tres de las principales editoriales españolas, y cerró "con broche de oro" en Tusquets editores donde trabajó hasta el momento de su retiro

El único libro que Salinas publicó en vida se titula Travesías y cubre justamente ese período de su vida desde la infancia hasta 1955, momento en el que incursó en el mundo editorial. El segundo tomo de sus memorias quedó en borrador y sus amigos siempre le preguntaban cuando iba a publicarlo ya que trataría de sus experiencias en el mundo editorial. El editor mismo no pudo recuperar todo el material que tenía para su libro, lo cual es una verdadera lástima; sin embargo, en la entrevista hecha por Juan Cruz y que apareció recientemente en el diario El País podemos rescatar algunas de las principales enseñanza de este editor insigne.

Para Salinas el editor tiene una labor hermética, comunicadora, conectora entre el libro y el lector pero, al mismo tiempo afirma que la preeminencia del componente mercantil ha hecho mucho daño a la noción clásica de editor. Comenzó en el oficio por su sensibilidad y amor por los libros y para él la función de un editor es cultural, no comercial . Hoy los libros son meramente una mercancía para muchos y el tema a seguir es el de la cantidad de volúmenes o no que se venden. Hay sus excepciones, por supuesto pero siempre es bueno recordar que en otras épocas fue distinto y que, recordando a Salinas:

En cierto modo, es un oficio extraño el de editor. A veces es muy gratificante e incluso divertido. Por otra parte, requiere una entrega total. Es un oficio que no necesita ni hacer una carrera, ni estudiar nada en ningún sitio, ni tener especiales conocimientos de nada, aunque ahora, como para todo, se han creado másteres para hacerse editor. En realidad, la simple atracción hacia un libro, el hecho de haber estado cerca de los libros toda la vida, es posible que baste y sobre (...).

Vía | El País

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