Compartir
Publicidad

La importancia de la educación, la importancia de leer (y II)

La importancia de la educación, la importancia de leer (y II)
Guardar
2 Comentarios
Publicidad
Publicidad

Siguiendo con lo dicho en la anterior entrega de este artículo, la falta de lecturas también produce ciudadanos más superficiales y menos imaginativos.

Esta minusvalía nace por dos motivos. El primero es que los contenidos que podemos encontrar en muchos libros difícilmente existen en formato audiovisual. El segundo motivo, de más peso, es que la lectura exige una implicación cognitiva mayor que el consumo de otros productos, incluido Internet o hipertextos.

Podéis profundizar más en ello en el artículo ¿Por qué leer a través de Internet no es lo mismo que leer un libro?

Es decir, que la buena educación, así como las buenas lecturas, produce también ciudadanos más críticos que llevan a su máxima expresión lo que una vez dijo Clovis Anderson: “Uno no sabe nada hasta que no sabe por qué lo sabe.”

Lectores que, tanto leer, acaban por evitar casi por completo los argumentos de autoridad, las teorías puramente especulativas presentadas como ciencia establecida, las analogías forzadas y la retórica que suena bien pero cuyo significado es ambiguo, siguiendo a rajatabla aquello que una vez escribió George Orwell: que la principal ventaja de escribir con claridad es que “cuando hagas una observación estúpida, su estupidez resultará obvia incluso para ti.”

De serie, nuestro cerebro viene cableado para cometer errores de lógica, para hacer generalizaciones inexactas, para dejarse llevar por el contexto y la idiosincrasia, para olvidar fácilmente lo que va en contra de sus convicciones… y toda una serie de enemigos de la razón. El colegio y las buenas lecturas, las lecturas ricas en conocimientos consensuados sobre todas las disciplinas, no debería ser tanto mecanismos para transmitir datos como un lugar donde nos enseñen a aplacar nuestros defectos neurobiológicos de fábrica y, sobre todo, fomentar la capacidad de jerarquizar conocimientos, relacionarlos entre sí y descartar fácilmente los que carecen de sostén.

Así pensaremos mejor, seremos más cívicos, y también más productivos, con sueldos elevados (aunque, para ello, debamos emigrar a otros países donde se valore positivamente la formación científica y técnia, por ejemplo).

Por cierto, si os interesa una buena relación de libros que cumplan las exigencias que creo imprescindibles para alcanzar lo anteriormente dicho, os recomiendo que repaséis las recomendaciones que ofrecí en En el colegio no aprendemos lo que deberíamos aprender (III).

Temas
Publicidad
Comentarios cerrados
Publicidad
Publicidad
Inicio