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La máquina de generar literatura (y II)

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Cada vez estamos más cerca. Es posible que en unas décadas o siglos, la computación nos permita generar novelas tan o más excelentes que las escritas por autores de carne y hueso. Más aún: se podrían generar todas las novelas posibles, con todas las vetas argumentales existentes, con todos los personajes concebibles… algo así como la la Biblioteca de Babel de Borges de todas las obras posibles de combinar el alfabeto en 410 páginas de un volumen: el resultado de tamaña biblioteca debería poder contener un 1 seguido de 787.200 ceros de libros.

Una cifra superior de libros a todos los átomos del universo.

Es una biblioteca imposible, pero no lo sería si nos limitáramos a los libros con sentido o que resultaran al menos potables. Entonces tal biblioteca podría existir en Internet, y por tanto en todos nuestros dispositivos electrónicos.

Tan solo deberíamos escoger una serie de características sobre el tipo de historia que querríamos leer, número de personajes, tipo de final, etc., y violà, aparecería en nuestro libro electrónico la historia seleccionada, concebida ex profeso por el escritor universal.

Los escritores ya no serían necesarios porque todas las novelas posibles ya estarían escritas, latentes, esperando que las leyéramos. Lo que suscitaría no pocos problemas: la gente leería, por ejemplo, tantas versiones de Hamlet ligeramente diferentes que nadie podría comentar sus lecturas.

A no ser que los lectores se organizaran en redes sociales para leer determinadas versiones exclusivamente, a fin de poder hablar de literatura. O quizá surgirían defensores de determinadas versiones sobre otras.

En resumidas cuentas, todo cuando conocemos se desmoronaría: el oficio de escribir, las editoriales, la crítica, la literatura jerárquica… todo cambiaría tanto como, antaño, la escritura cambió la oralidad y la imprenta cambió la diversidad y la accesibilidad. Tanto como hogaño las copias digitales han multiplicado por un trillón los efectos de la imprenta, devaluando los obstáculos del almacenamiento y cuidado ligado a las bibliotecas físicas.

Todos ellos son cambios revolucionarios que quizá nunca se cristalicen porque el estudio del cerebro o el de la computación nunca lleguen a desarrollarse lo suficiente. O porque nuestro cerebro opera con reglas imposibles de imitar completamente (quién sabe, quizá tengamos que recurrir a lo paranormal para conseguirlo, como el médium que redactaba un artículo a base de párrafos de escritores del pasado en la obra sarcástica de Edgar Allan Poe How to Write a Blackwood Article).

Lo relevante no es eso. Lo relevante es imaginar qué pasaría si… De modo que sirva esta zancada al futuro para replantear mejor el presente.

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