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Lo que pasa exactamente cuando leemos un libro

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El acto de leer un libro tiene algo de mágico, incluso de antinatural. La evolución darwiniana de nuestros ojos ha servido a nuestros antepasados para localizar a presas, distinguir frutos comestibles, trazar rutas a través de montañas y bosques. Pero nadie hubiera podido imaginar que acabara también sirviendo para permanecer durante horas fijando la vista en pulpa de árbol prensada y manchada por miles de insectos de tinta.

Pero ¿qué ocurre exactamente cuando estamos leyendo, lejos de asimilar información o transportarnos a mundos imaginarios? Aunque no os deis cuenta mientras estáis leyendo este artículo, al leer asimiláis una palabra clave en cada instante, más cuatro caracteres a la izquierda y quince caracteres a la derecha.

Pasáis de un fragmento a otro haciendo una leve pausa (o fijación) el tiempo suficiente para captar el significado de cada letra.

La razón de que sólo podáis fijaros en esta pequeña cantidad de texto cada vez es que los sensores de vuestros ojos (los receptores que procesan lo que veis) están agrupados en una reducida zona justo en mitad de la retina, la fóvea.

Por esa razón movemos los ojos cuando leemos, porque no podemos captar demasiada información acerca de la forma o el color o la estructura de las palabras a no ser que enfoquemos la fóvea directamente sobre ellas. Para comprobarlo, no tenéis más que leer este artículo fijando la vista justo en el centro de la página. ¡Imposible!

Gracias a la comprensión del mecanismo que permite la lectura de textos, los expertos han ideado fórmulas para aumentar la velocidad de lectura de una manera asequible para todos. Para ello sólo es necesario hacerse con un lápiz. Y entonces podréis aumentar hasta un 200 % más rápido, sin pérdida de comprensión.

El lápiz debe usarse para reseguir cada línea de texto que leáis lo más rápido que podáis. Como el proceso de lectura consiste en una serie de instantáneas con los ojos, a saltos, con unos movimientos oculares llamados sacádicos, el uso del lápiz es como una guía que evita las continuas y naturales regresiones.

Si realmente queréis aprender a leer más rápido, entonces también deberéis empezar a leer cada línea enfocando la tercera palabra empezando por la izquierda y terminando enfocando la tercera palabra empezando por el final; de esa manera se usa la visión periférica, que, en la lectura normal, se malgasta en los márgenes.

Trucos para mejorar nuestra visión para hacer algo tan antinatural como leer.

Vía | La semana laboral de 4 horas de Thimoty Ferriss / La clave del éxito de Malcom Gladwell

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