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Notas sueltas sobre literatura infantil

Notas sueltas sobre literatura infantil
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Vaya, quizás la pregunta les parece un poco extraña, un poco descabellada o hasta tonta porque se supone que debemos tener una respuesta clara en torno a qué es la literatura infantil. Pues yo creia tenerlo claro y visto lógicamente debería ser obvio que la literatura infantil es la literatura escrita para niños. Pero (piensen un momento), también podría ser la literatura escrita por niños. ¿Imposible? Difícil, quizás porque pocas veces pensamos que los niños puedan ser autores pero al mismo tiempo acérquense a un niño que está hablando solo, o a una niña poniendo a hablar a sus muñecas, por ejemplo, o ensayen a pedirles a los niños que les cuenten un cuento. Pero creo que me estoy adelantando ya que de lo que quiero escribir es acerca de la dificultad de defiir qué es la literatura infantil.

Piensen por un momento desde cuándo existe tal literatura infantil y se darán cuenta de que la tradición no nos llevará mucho más allá de Perrault o Samaniego e, incluso entonces, nos encontraremos con textos que no necesariamente fueron escritos para niños en sus origenes, sino que fueron adaptados por ellos por algún recopilador (los anteriores, al igual que los Hermanos Grimm o Andersen). Y por qué no existía antes si es que las historia ya existían desde mucho antes porque eran parte de la tradición oral? Pues porque no existía para quién adaptarla porque simplemente ¡no existían los niños! Asi como lo leen, hubo un momento en la historia en la que los niños eran vistos como adultos en pequeño y no como los aprendimos a ver posteriormente, como seres humanos en evolución.

Si la infancia no existía, entonces difícilmente podía haber literatura especialmente realizada para la infancia aunque creo que desde siempre alrededor de los niños y los infantes debe haber habido cantos, juegos y rimas que provenian de la tradición oral y que lo que buscaba era adentrarlos en el imaginario cultural y general controles. Esto me lleva a uno de los puntos centrales de la definición de literatura infantil ya que por lo que he estado investigando, está muy ligada a la educación y a la formación de la identidad. Los cuentos tradicionales de la tradición anglosajona (Caperucita Roja, Los tres cerditos y tantos otros) hablan siempre de límites y transgresiones, de controles externos y del aprendizaje de autocontroles internos, de refuerzos y castigos. ¡Pero si se supone que la literatura infantil debe dar alegría a los niños! Pues más bien parece que es todo lo contrario, ha de darles miedo, al menos la tradicional.

Otro aspecto que me ha parecido interesante, y que me anoto para investigar con más detenimiento es el que tiene que ver con las culturas y la literatura infantil. Cada nación ha ido desarrollando con el transcurrir del tiempo su propia literatura infantil nacional y ellas, sin lugar a dudas, se nutren de aquellos componentes que forman la identidad nacional individual pero, al mismo tiempo, se relaciona con todas las tradiciones milenarias del mundo. Los mitos de fundación, por ejemplo, las grandes narrativas acerca de la formación del universo, así como la influencia de las religiones y la génesis de los dioses, está también presente. está, para América Latina, en el Popol Vuh pero también en las historias de cada una de las tribus indígenas desde Canadá hasta la Patagonia y es fascinante reconocerlo.

Enfin, en esas lides me encuentro ahora, preparándome para una presentación en el I Congreso Iberoamericano de Literatura Infantil que se llevará a cabo en Buenos Aires la semana que viene. Son notas sueltas que poco a poco iré sustentando con más lecturas. Espero sepan disculpar lo que puede parecer una disgresión, pero es un tema fascinante que, no en balde, ha sido estudiado en profundidad tanto desde el punto de vista lingüístico como psicoanalítico, para mencionar dos nada más. Una pregunta adicional, final pero inquietante, es acerca de la vigencia o pertinencia de la literatura infantil en la actualidad. Puedo adelantar que goza de excelente salud, sólo que los argumentos han tenido que quitarse el manto dulcificado para recuperar mucho de su sadismo original.

En Papel en blanco | Literatura Infantil

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