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¿Podemos encontrar mensajes secretos en los libros? (I)

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Quien busca, encuentra. A veces en el mal sentido. Es decir, que tendemos a encontrar patrones si nos decidimos a buscar (y luego organizamos esos patrones para que tengan sentido, lo cual es incompatible con observar la realidad objetiva). Prueba de ello son las nubes: basta mirar un rato el cielo para ver formas reconocibles en esas esposas máquinas lluvia.

O mirad una salpicadura en la pared. ¿Veis al Pato Donald? A eso me refiero. En la pared no está el Pato Donald, sólo hay un puñado de salpicaduras que, según la idiosincrasia del observador, se parecerá al Pato Donald o a cualquier otro icono cultural. Nuestra mente, pues, está bastante incapacitada para observar la realidad: más bien se afana en organizarla a su conveniencia y a darle sentido subjetivo.

Por esa razón es tan fácil encontrar mensajes secretos en los libros.

Por ejemplo, busquemos anagramas en libros famosos. Cory Clahoun, famoso creador de enigmas, descubrió el siguiente en la célebre frase de Hamlet de Shakespeare: To be, or not to be: that is the question: / Whether ´tis nobler in the mind to suffer / the slings and arrows of outrageous fortune… (“Ser o no ser: he aquí la cuestión / Cuál es más digna acción del ánimo / sufrir los golpes de la fortuna injusta…”).

Éste es un anagrama exacto que brinda un perfecto resumen del contenido de la obra: In one of the Bard´s bestthought-of trageides, our insistent hero, Hamlet, queries on two fronts about how life turns rotten (“En una de las tragedias mejor pensadas del bardo, nuestro insistente héroe, Hamlet, se pregunta en dos frentes por qué la vida termina en putrefacción”).

Como señala Richard Wiseman, no estamos asistiendo a nada prodigioso:

Es simplemente la ley de los grandes números en funcionamiento. Dado el gran número de combinaciones de letras en las palabras y la enorme cantidad de texto en obras y en libros, no es sorprendente que cada tanto aparezca un anagrama. Lo que es quizá más sorprendente es que haya personas dispuestas a invertir una significativa cantidad de su tiempo en buscarlos.

Como ya escribí en una ocasión, incluso hay gente que busca esta clase de coincidencias completamente naturales desde el punto de vista de las matemáticas para darle más lustre a libros como la Biblia. Por ejemplo, El código secreto de la Biblia, de Michael Drosnin, es un ejemplo manifiesto de ello: incluso se atrevía a afirmar que la Biblia contenía profecías de hechos contemporáneos.

El matemático John Allen Paulos explica así esta supuesta conexión estadística:

Una secuencia de letras equidistantes es un conjunto ordenado de letras, en este caso hebreas, cada una de las cuales (salvo la primera) sigue a su precedente por un número fijo de otras letras. (No se cuentan los espacios entre palabras.) Un ejemplo simple es la palabra “nazi” (geNerAliZacIón), si se toma un intervalo entre letras de longitud 2. Habitualmente, los intervalos entre letras son mucho más largos: 23, 47, 69 o 92 letras, e incluso más. Los autores del artículo citado habían identificado en el texto de la Torá secuencias de letras equidistantes correspondientes a los nombres (o algunas variantes) de rabinos famosos que vivieron en siglos posteriores a los tiempos bíblicos, junto con secuencias a menudo contiguas correspondientes a sus fechas de nacimiento u otros eventos relacionados, la probabilidad de lo cual era minúscula.

En resumidas cuentas, lo importante no es la probabilidad de que aparezca una secuencia particular en un texto sino la probabilidad de que ALGUNA secuencia de significado vagamente similar aparezca DE ALGÚN MODO y EN ALGUNA PARTE del texto.

Bajo esta reglas tan laxas, es fácil, por ejemplo, encontrar secuencias interesantes en la traducción inglesa de Guerra y Paz: “Jordan”, “Chicago” y “Bulls”. Es decir, que Tolstoi estaba profundamente interesado en el futuro del baloncesto.

El artículo estadístico antes citado también puede ilustrar otro defecto más sutil que tiene que ver con sesgos no intencionados en la elección de las secuencias buscadas, procedimientos definidos vagamente, la variedad y las contingencias de la ortografía del hebreo antiguo y las diversas versiones de la Torá, o incluso el teorema de Ramsey, un profundo resultado matemático sobre la inevitabilidad del orden en cualquier secuencia de símbolos lo bastante larga.

La disparidad (al gusto del consumidor) del hallazgo de mensajes reveladores en los libros incluso fue el gérmen de una mancia ciertamente letraherida: la bibliomancia. Pero de de eso os hablaré en la próxima entrega de este artículo.

Vía | Rarología de Richard Wiseman / Elogio de la irreligión de John Allen Paulos

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