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¿Podemos encontrar mensajes secretos en los libros? (y II)

¿Podemos encontrar mensajes secretos en los libros? (y II)
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Buscar intencionadamente lo que se quiere encontrar. Es lo que se vino a llamar bibliomancia. El método consistía en abrir un libro en una página al azar para interpretar así su contenido contextualizándolo y adaptándolo a la circunstancia presente. Esto es lo que dice el diccionario. Lo habitual, sigue el diccionario, era leer el primer párrafo.

Otra forma más indirecta de escoger el fragmento que se sometería a exégesis consistía en dejar el libro a la intemperie, abierto a la mitad exacta, para que el viento se encargara de pasar las páginas. También servía el arrojar el libro y leer la página donde hubiera quedado abierto. Tradicionalmente, el libro que se empleaba siempre para esta clase de adivinaciones era la Biblia. Con el transcurrir del tiempo, no obstante, son otros los libros que se han convertido en guías espirituales para los bibliomantes, como La Eneida de Virgilio. Por ejemplo, durante el Imperio Romano, cuentan las crónicas que Adriano señaló al azar un párrafo de La Eneida que predijo la aprobación por Trajano de su sucesión al trono.

O que Claudio II señaló un párrafo que vaticinó la muerte de su hermano Quintilo pocos días después de convertirse en emperador. También se usaron La Ilíada y La Odisea, de Homero. Ya ven ustedes, todo muy místico, todo muy código secreto de la Biblia o código da Vinci, o Código Penal, si me apuran: los leguleyos me entenderán.

Cualquier libro sirve, desde uno de Borges a uno de Twain, pasando por un poemario y hasta un lexicón. La serendipia llevada al extremo. El libro convertido en médium. La cura para la incertidumbre. Unos dados literarios para quienes, como yo, consideran azar y cálculo primos hermanos, cuando no hermanos gemelos univitelinos.

En cualquier caso, los que tengan una sensibilidad especial no necesitarán tirar de su cerebro mal calibrado para encontrar patrones donde en realidad no hay nada. Los especialmente sensibles podrán encontrar mensajes secretos de verdad. De los que vale la pena encontrar. Mensajes que no pueden ser analizados matemáticamente.

Para encontrar estos mensajes, sin duda, se requiere tesón. O a lo mejor, por casualidad, algún día te tropiezas con algún verso huérfano en una servilleta de papel de una cafetería perdida, o con un bosquejo en alguna pared tapiada, o con el eco de una tonada melancólica en un zaguán, o con una bella forma de barro en un alcorque, o con las joyas en forma de lentejuelas de rocío derramadas sobre el césped recién regado, o con el ritmo sincopado de las pisadas de una niña sobre la hojarasca crujiente. El mundo, aunque os parezca lo contrario después de mi explicación, es más fértil en este tipo de mensajes que en los comúnmente conocidos como mensajes secretos.

Si no, siempre nos queda mirar el cielo y reconocer al Pato Donald en una nube.

Vía | Rarología de Richard Wiseman / Elogio de la irreligión de John Allen Paulos

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