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¿Por qué las series de TV son lo más parecido a la literatura? (II)

¿Por qué las series de TV son lo más parecido a la literatura? (II)
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Como os adelantaba en la anterior entrega de esta serie de artículos, la televisión también nos hace inteligentes, aunque desarrolle una inteligencia distinta a la que desarrolla la literatura.

Es lo que se ha llamado Efecto Flynn, por su descubridor, el filósofo americano James Flynn. Este efecto reza lo siguiente: independientemente de la etnia, la clase social o el nivel educativo, los americanos se están volviendo más inteligentes a medida que transcurren los años. Flynn cuantificó este cambio: en 40 años, la población americana había ganado 13,8 puntos de media de coeficiente intelectual.

Uno de los motivos es precisamente la televisión. En palabras del psicólogo social Carmi Schooler, el efecto Flynn refleja claramente que el entorno se está volviendo cada vez más complejo. Hasta el punto de que este entorno acaba recompensando el esfuerzo cognitivo. En este entorno, los individuos deberían estar motivados para desarrollar su capacidad intelectual y extrapolar los procesos cognitivos resultantes a otras situaciones.

La complejidad ambiental se debe a muchos motivos, pero, según Steven Johnson, uno de los motivos principales es la aparición de los medios de masas, de acceso universal y barato, y también de la densidad narrativa y complejidad psicoemocional crecientes: los videojuegos, la televisión, Internet, el cine y otras formas de entretenimiento interactivo que te obligan a tomar decisiones en todo momento.

Pensad en el esfuerzo cognitivo y lúdico que debía hacer fuera de la escuela cualquier niño de diez años de hace un siglo: leía los libros que tenía al abasto, jugaba con juguetes o a pelota con los amigos del vecindario. Pero la mayor parte del tiempo se lo pasaba ayudando a las faenas de la casa o haciendo de mano de obra infantil. Comparad eso con el nivel de dominio tecnológico y cultural de un niño de diez años de hoy en día.

Ahora sigue la marcha de un puñado de equipos de deporte profesional, alterna como si nada la mensajería instantánea con el correo electrónico para poder comunicarse con sus amigos, y también se sumerge en inmensos mundos virtuales adoptando nuevas tecnologías multimedia y resolviendo los problemas con toda la naturalidad del mundo. Gracias al aumento del nivel de vida, estos niños también tienen más tiempo libre que el de hace tres generaciones. Las aulas pueden que estén llenas desde hace años, pero los niños de ahora son puestos a prueba constantemente por nuevos medios audiovisuales y tecnológicos que les inducen a adquirir estrategias más avanzadas para afrontar la resolución de problemas. Casi todas las familias con niños pequeños hacen broma explicando cómo el hijo pequeño sabe programar el video mientras que el papá y la mamá, con todos sus títulos universitarios, apenas saben programar el despertador.

Echemos un vistazo a las series de la cadena por cable de la HBO. Son series donde las putas son unas putas, y los ladrones, unos ladrones. Series donde los personajes de los mundos de Yupi entraría de golpe en la madurez tras la sodomización de su mente. O algo así. En las series españolas, a ese tenor, casi no existe un paralelismo. Y como dejó escrito una vez Francisco Casavella en su Elevación, elegancia y entusiasmo, “la teleserie que más detesto es Periodistas”. Lo suscribo. Afortunadamente tenemos acceso a la HBO, y no sólo la consumen las personas más inteligentes, sino que está volviendo a la gente más inteligente.

Pero no nos pongamos tan elitistas y estupendos. Incluso la comúnmente llamada telebasura, como los reality shows, ejercita facetas de nuestra inteligencia que sólo grandes obras de la literatura son capaces de ejercitar, como es nuestra inteligencia emocional y social. Los cerebros de los televidentes echan humo tratando de discernir la lógica social del universo planteado por el programa, tratan de adivinar quiénes merecen mayor confianza, quienes están mintiendo o están siendo hipócritas, trazan futuribles, discuten con otros aficionados acerca de las estrategias tomadas por cada concursante (visionando debates, participando en foros, examinando con lupa una y otra vez las situaciones), etc.

Los seres humanos expresan su abanico de emociones a través de lenguaje tácito de las expresiones faciales, y gracias a la neurociencia sabemos que el análisis de este lenguaje no verbal en toda su complejidad es uno de los grandes triunfos del cerebro humano.

Una de las formas de medir esta inteligencia se llama AQ, abreviatura de Coeficiente de Autismo, una subdivisión de la Inteligencia Emocional propuesta por Daniel Goleman. La gente con un AQ alto, como los autistas, sufren una incapacidad para intuir las intenciones de los demás. La gente con un AQ bajo, por el contrario, tiene una especial habilidad para leer las señales emocionales, es capaz de anticiparse a los pensamientos y los sentimientos que la gente no explicita.

A este don se le llama a veces mind reading (capacidad para leer la mente de los demás). Ser una persona lista, pues, también significa saber evaluar y responder adecuadamente a las señales emocionales de los otros.

Cuando se contemplan los reality shows a través del prisma del AQ, las exigencias cognitivas necesarias resultan más fáciles de apreciar. Johnson no evalúa la calidad de los programas de la televisión sino sus efectos en la gente. Según él, los reality son un formato, probablemente el mejor (por ser el único), que ejercita de manera intensa y constante el AQ. Por esa razón (al que se suma Internet, las redes sociales y demás), el AQ medio está descendiendo.

Pero me imagino que estáis arqueando una ceja escéptica. ¿Qué tiene que ver Gran Hermano con Cumbres borrascosas? ¿Es que Sergio se ha vuelto majareta (y sólo ha leído libros de psicólogos que están majaretas)? Incluso alguno de vosotros ya me ha comentado en otros artículos que hay estudios que indican que la tele es perjudicial la mente. Bien, en la tercera entrega de esta serie de artículos trataré de replicar los basamentos de esa clase de estudios.

Vía | Cultura basura, cerebros privilegiados de Steven Johnson | Teleshakespeare de Jorge Carrión | Elevación, elegancia y entusiasmo de Francisco Casavella

En Papel en Blanco | ¿Por qué las series de TV son lo más parecido a la literatura? (I) y (y III)

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