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¿Por qué nos gusta contar cuentos?

¿Por qué nos gusta contar cuentos?
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Contar cuentos tiene una función que va más allá del mero entretenimiento. Psicólogos y neurólogos han estudiado por qué disfrutamos tanto escuchando historias y cuáles son sus efectos emocionales y cognitivos en nuestro cerebro.

Cuando nos explican cualquier concepto, podemos llegar a entenderlo con bastante solvencia. Pero basta con armar una historia alrededor de dicho concepto para que lo asimilemos de una manera mucho más profunda y emocionalmente significativa.

Porque las historias son un modo de ensayar y aprender costumbres y normas sociales que después tendremos que poner en práctica en la vida real, y tienen un poder especial para persuadir y motivar.

Según los antropólogos, hay evidencias de cuentos populares de todo el mundo en las culturas más ancestrales. Pero las historias que más se recuerdan y se vuelven a contar son aquéllas que consiguen lo que se ha llamado “inmersión en el mundo narrativo”, es decir, que logran introducirnos tanto en la historia que llegamos a confundirla con la realidad.

Según la psicóloga Melanie Green, de la Universidad de Carolina del Norte en Chapell Hill, parece que hay personas con una mayor capacidad para sentir empatía y éstas, a su vez, tienen también una especial facilidad para sufrir esta inmersión en el mundo narrativo.

Según un estudio de la Universidad de Waterloo, un niño de 5 años ya es capaz de meterse en la piel de un personaje de cuento.

Por esa razón, probablemente, cuando hablamos con otra persona, la mayoría del tiempo nos dedicamos a fabular sobre la vida de otros, a chismorrear, a contar secretos o a generar infundios. En 1997, Robin Dunbar, un antropólogo de la Universidad de Liverpool, comprobó que éste era el motivo de conversación en el 65 % de los lugares públicos sin distinción de edad o sexo. Por eso las revistas del corazón también venden tanto.

También se ha demostrado que las historias son un ensayo de lo que sucederá en la vida real. Keith Oatley, un profesor de psicología aplicada de la Universidad de Toronto, proyectó un cuento animado a una serie de sujetos y estudió lo que sucedía en su cerebro usando resonancia magnética cerebral.

Entonces descubrió que se producían picos de actividad cerebral en las mismas áreas que cuando estamos en un proceso real de movimiento, aunque eran algo más ligeras. Con esto llegó a la conclusión de que realmente ensayamos el movimiento aunque la menor intensidad se producía en los momentos en los que nos hace distinguir entre la realidad y la ficción.

Vía | ¿Cuánto pesa la tierra? De Ana Pérez Martínez

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