Compartir
Publicidad

¿Realmente estamos viviendo una americanización de la cultura? (y II)

¿Realmente estamos viviendo una americanización de la cultura? (y II)
Guardar
10 Comentarios
Publicidad
Publicidad

Como os señalaba en la primera entrega de este artículo, es más que dudoso que suframos una americanización. Además, ser colonizados es bueno, así como es bueno colonicemos. Culturalmente hablando.

Por ejemplo, si te dedicas a los negocios, probablemente precisarás de la ayuda de la fonética asiria, de la imprenta china, del álgebra árabe, de la numeración india, de la doble contabilidad italiana, de las leyes mercantiles holandesas o de los circuitos integrados californianos, como explico en mi artículo Todos nos necesitamos a todos: la utopía de ser autosuficiente.

O tal y como señala Matt Ridley:

En las dos horas desde que me levanté de la cama, me bañé con agua calentada por la compañía de gas North Sea, me afeité usando una maquinilla estadounidense con electricidad producida por carbón británico, comí una rebanada de pan hecha de trigo francés, untada con mantequilla neozelandesa y mermelada española, después me hice una taza de té utilizando hojas cultivadas en Sri Lanka, me vestí con ropas de algodón de la India y lana de Australia, con zapatos de cuero chino y goma malaya, y leí un periódico hecho de pulpa de celulosa finlandesa y tinta china. Ahora estoy sentado frente a un escritorio escribiendo en un teclado de plástico tailandés (que probablemente comenzó su vida en un pozo petrolero árabe) para poder mover electrones a través de un chip de silicio coreano y algunos cables de cobre chileno.

Si nos ponemos a describir la mente humana, entonces, seremos deudores también de una montaña de ideas procedentes de todas las nacionalidades del planeta, como los principios generales de Darwin, la herencia de Galton, los instintos de James, los genes de De Vries, los reflejos de Paulov, las asociaciones de Watson, la historia de Kraepelin, la experiencia formativa de Freud, la cultura de Boas, la división del trabajo de Durkheim, el desarrollo de Piaget y la creación de lazos afectivos de Lorenz.

Eso no quita que tratemos de conservar (hasta cierto punto y sin despilfarrar recursos) vetas culturales o respaldar ideas en desuso o al límite de la extinción. Tampoco quita que existan organismos que regulen la lengua y traten de evitar que esto se convierta en un despiporre (porque precisamente la lengua se construye entre la continua tensión entre los usos y las prescripciones).

Pero quizá habría que despojar de ese puntito de paranoia, provincianismo y miedo a lo nuevo o a lo extranjero que suele acompañar a esas loables tareas.

Porque, en realidad, todo es una macedonia de todo. La mutación, la retroalimentación y la sinergia son factores coadyuvantes para el progreso de la cultura, la creatividad y el arte. De los cruzamientos nacen nuevas cosas, del mestizaje, del batiburrillo, del caos. El pedigrí nos debería levantar ampollas. Yo no quiero pedigrí. Quiero perros verdes, azules y amarillos. Ya sabéis, el lema de Apple: rip, mix and burn.

Vía | Rebelarse vende de Joseph Heath y El optimista racional de Matt Ridley

Temas
Publicidad
Comentarios cerrados
Publicidad
Publicidad
Inicio