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¿Realmente leer en papel es lo mismo que leer en pantalla? (II)

¿Realmente leer en papel es lo mismo que leer en pantalla? (II)
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Como os señalaba en la anterior entrega de este artículo, cada vez dedicamos más tiempo a navegar por Internet. Sin embargo, ello no repercute en que cada vez veamos menos la televisión, por ejemplo.

Lo que sí parece estar disminuyendo es el tiempo que pasamos leyendo. Sí, es cierto que en Internet no dejamos de leer webs, pero lo que dejamos de hacer a cambio de ese tiempo de lectura es leer publicaciones impresas como periódicos, revistas y libros.

Pero lo importante es leer, ¿no es así? ¿Qué importa el medio? Las editoriales acabaran por adaptarse al medio online. Los periodistas se convertirán en bloggers. Y asunto arreglado.

Pero la situación no son tan intuitiva como parece. Tal y como están las cosas en lo tecnológico, cuando la Red absorbe un medio y lo digitaliza (ya sea un periódico, un libro o una revista), no acostumbra a dejar el medio tal cual era sino que lo modifica, adaptándolo a las leyes de la propia Red. Esto es: le añade hipervínculos, los fragmenta para secciones aptas para la búsqueda, le añade videos y animaciones, etc.

El problema estriba en que estas modificaciones en el contenido también alteran la manera en que usamos, experimentamos e incluso comprendemos el contenido.

Puede que una página de texto vista a través de una pantalla de ordenador parezca similar a una página de texto impreso. Sin embargo, el mero hecho de desplazarse o hacer clic en un documento web implica una expresión corporal y unos estímulos sensoriales muy diferentes de los que se activan cuando leemos un libro o una revista. La investigación ha demostrado que el acto cognitivo de la lectura no se basa sólo en el sentido de la vista, sino también en el del tacto. (…) El tránsito del papel a la pantalla no se limita a cambiar nuestra forma de navegar por un texto. También influye en el grado de atención que le prestamos y en la profundidad de nuestra inmersión en él.

Nuestra atención también se ve fracturada por los hipervínculos o enlaces. A primera vista, un hipervínculo no parece diferir demasiado de una nota a pie de página o una cita textual. Pero el efecto que un hipervínculo ejerce en el lector no es el mismo: el hipervínculo no sólo nos guía a obras relacionadas o complementarias sino que nos incitan a pulsarlos.

Nos incitan a abandonar cualquier texto en el que pudiéramos estar inmersos en lugar de dedicarle una atención sostenida. Los hipervínculos están diseñados para captar nuestra atención. Su valor como herramientas de navegación es inseparable de la distracción que provocan.

Para evitaros distracciones, pues, evitaré en lo posible que este artículo contenga hipervínculos. Sin embargo, ni siquiera así conseguiré que este artículo cause los mismos efectos en todos los lectores que el que causaría su versión en papel impreso. En la tercera y última parte de esta serie artículos os demostraré que los hipervínculos sólo son la punta del iceberg.

Vía | Superficiales de Nicholas Carr

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