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Umberto Eco: La fealdad es un error de sintaxis

Umberto Eco: La fealdad es un error de sintaxis
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La segunda de las sesiones del Hay Festival Alhambra que se celebra en Granada ha tenido como protagonista a Umberto Eco, que ha charlado con el catedrático de la UCM Jorge Lozano sobre el concepto estético de fealdad. Sucede que Lozano fue profesor mío y me ha traído a la memoria un ejercicio que nos proponía: el de dibujar un monstruo. Su objetivo era el de demostrarnos que cualquier variante de monstruosidad (cuernos, alas, tres piernas, diez ojos) correspondía al de un error sintáctico, el de encontrarnos algo imprevisto, algo aberrante que rompe con nuestras expectivas interiorizadas de representación.

Recuerdo esto a tenor de la frase pronunciada por Eco en el encuentro: La fealdad es siempre un error de sintaxis y por eso es infinita, porque las maneras de construir una frase de forma correcta son escasas, pero las de hacerlo mal son infinitas. Esta era una de las manera por las que Eco se explica el mayor éxito de su Historia de la Fealdad frente a su Historia de la Belleza (la fealdad es más interesante).

Es interesante pensar que el concepto de belleza puede llevar aparejado el de mediocridad. Es una de las premisas de la obra de Zadie Smith, Sobre la belleza. La belleza implica un canon, y cómo tal un recetario de normas, formas y condiciones que cualquiera sin taras irresolubles es capaz de cumplir. De ahí y a continuación a la producción en masa, y a la total nivelación.

No es más cruel el cirujano que estira las mismas pieles, rasga las mismas patas de gallo y esculpe las mismas narices que el pintor que calca el mismo rostro de virgen con el pálido fulgor que ya no le produce raptos de trascendencia a nadie, o el que reescribe el mismo argumento con la excusa de que es eterno (sólo hay una historia de amor y es la de Romeo y Julieta; si la versión que recordamos es la Shakespeare es porque él hizo más que seguir la receta).

Si la belleza es norma la fealdad es excepción y por eso nos interesa, en cuanto es excepcional. No hace falta decir que la fealdad no es un valor estético en sí y tan mediocre como la belleza nivelada. Sólo lo extremadamente feo es interesante, lo que resulta lo bastante repulsivo como para ser fascinante al mismo tiempo. Y la fealdad permite una experimentación con extremos mucho más libre que la belleza. El Esperpento, por poner un ejemplo.

Entonces la fealdad necesita ser extrema para resultar interesante, algo lo suficientemente polémico con el canon de belleza para tener entidad propia. Al mismo tiempo la belleza, que es convención, necesita algo más para escapar de la rutina. Entramos entonces en el universo de los gustos, y es que nunca nos enamoraríamos de la belleza pura, afortunadamente: necesitamos diferencias, detalles, imperfecciones. Pero no nos enamoramos todos del mismo individuo, cuando la Belleza en el Arte es reconocible para todos y genuinamente universal.

Hay un misterio dentro de la idea de Belleza, ese concepto platónico que Longino aplicaba en la literatura bajo el nombre de "Sublime". Lo sublime es un ejercicio del arte dirigido al sentimiento del lector. No hay un truco para alcanzar el sublime porque cada pasaje y situación tiene sus propias necesidades. Una declaración de amor o una sangrienta batalla pueden ser mediocres por igual, pero para que se dé la palpitación de emoción que llene de emotividad u horror al lector se necesitan el lenguaje adecuado, incluso si es vulgar, y las formas adecuadas, incluso si suenan incorrectas. ¡Qué mas dá si funciona! Si la fealdad es un error de sintaxis el sublime es un éxito comunicacional absoluto, el despertar de una sensación unívoca en todos los corazones.

Vía | Yahoo! Noticias En Papel en Blanco | Umberto Eco

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