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Y muchos más mitos comúnmente creídos de la literatura: los vikingos no llevan cuernos

Y muchos más mitos comúnmente creídos de la literatura: los vikingos no llevan cuernos
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Y regresamos con más mitos que han sido fomentados por la literatura, hasta el punto de que ya forman parte del acervo popular. Muchos ingleses, por ejemplo, creen que Sherlock Holmes era un personaje histórico. Y eso solo es la punta del iceberg.

Esta serie de artículos para derribar mitos empezó en 5 mitos comúnmente creídos de la literatura y continuó con Más mitos comúnmente creídos de la literatura (bonus track), donde descubrimos que los zapatos de la protagonista de El mago de Oz no eran rojos, que el monstruo de Frankenstein no era verde, que los zapatos de cristal de La Cenicienta no eran de cristal, que Sherlock Holmes no vestía como Sherlock Holmes (ni tampoco dijo jamás, en las novelas de Arthur Conan Doyle, lo de “elemental, querido Watson”) o que la X no ha marcado nunca el lugar donde estaba enterrado el tesoro de un pirata (de hecho, ni siquiera se ha documentado ningún mapa del tesoro en la historia). (Los piratas, por cierto, tampoco usaban patas de madera, ni tenían un loro como mascota.)

Pero así son los mitos, arraigados en lo más profundo, difíciles de eliminar completamente, como que Nerón incendió Roma, que Napoleón era bajito, que los topos son ciegos, que los cerdos son sucios, que las abejas pican una sola vez porque pierden el aguijón o que América se llama así por Amerigo Vespucci.

Pero los mitos siguen ahí, la mayoría de ellos alimentados por los medios de comunicación en general y por la literatura y el cine en particular.

Como que los guerreros vikingos usaban cascos con cuernos. En realidad, fueron los sacerdotes celtas. Ninguno de los cascos con cuernos que los arqueólogos han descubierto en Europa ha podido datarse como pertenecientes a la era de los vikingos (700-1100). La mayoría son celtas y se hicieron durante la Edad de Hierro (800 a. J. C.- 100 d. J. C.).

El mito nació porque un ilustrador sueco, Gustav Malmström, añadió unos pequeños cuernos y alas de dragón al casco del héroe de una saga, una reedición de La saga de Frithiof de 1825, que se convirtió en un éxito inmediato.

Algo parecido ocurre con el tartán escocés, ahora más de moda que nunca gracias al estreno de la película de Pixar Brave. El tartán, a pesar de todo, no es especialmente escocés. Los estampados tipo “tartán” han estado presentes en casi todas las culturas desde que se empezó a tejer en épocas prehistóricas. El término “tartán”, incluso, ni siquiera tiene origen escocés. Su uso se registró por primera vez en inglés en 1454 y es probable que proceda del francés tiretaine, que significa “tela gruesa y resistente”.

Tal y como explica John Lloyd en El nuevo pequeño gran libro de la ignorancia, lo que ahora llamamos atuendo escocés “tradicional” (kilt corto, bolsa de piel y daga corta) fue una aportación de los regimientos ingleses destinados en Escocia, que fueron los primeros en solicitar tartán militar, como el Black Watch.

La sensación creciente de sentirse escocés se convirtió en un Renacimiento Escocés de pleno derecho, liderado por escritores escoceses como sir Walter Scott (1771-1832). En la década de 1820, los kilt, las baladas, los juegos de los Highlands y la recuperación de las leyendas escocesas eran la última moda. (…) “Tartán de los clanes” fue un engaño desde el principio. Los hermanos John y Charles Allen, que afirmaban ser nietos del Bonnie Prince Charlie, pero que, en realidad, procedían de Egham, en Surrey, “descubrieron” un manuscrito del siglo XV, llamado Vestiarium Scoticum. Afirmaron que habían comprobado su autenticidad pidiendo a los jefes de cada clan que “compararan” sus tartanes con lo que se decía en el libro. De hecho, el proceso fue justo el contrario. Los jefes de cada clan habían escogido el tartán que más les gustaba, y los Allen lo convirtieron en un libro. Al igual que los hermanos, era totalmente falso. Incluso sir Walter Scott se vio obligado a concluir que la “idea de que el tartán distingue a un clan de otro es una invención moderna.
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