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La dura vida del reseñista

La dura vida del reseñista
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Lo peor de escribir reseñas no es resumir en pocas palabras la fascinación que un libro puede provocar. Ni desvelar lo justo de la trama como para interesar al lector, pero no tanto como para fastidiarle la lectura. Tampoco, como decía Amis, la guerra contra el cliché y huir de frases estereotipadas. No. Lo peor es tener que leer el libro.

Si gustan de leer las contraportadas encontrarán más de una vez que lo que nos cuentan no coincide con el interior. Si los que tienen que vendernos el libro muestran tan poco interés ¿Qué podemos esperar de los demás?Con tener una idea del argumento y echar mano de cuatro frases manidas (factura impecable, galería de personajes, trama consistente, emociona...) ya tenemos la reseña acabada. Para los perfeccionistas una pequeña investigación por internet les da el toque de distinción que los aparta del resto.

¿Creen que exagero? Lean lo que le pasó a Kristian Lundberg. Este calamar leyó mal un catálogo de próximas publicaciones y pensó que la novela Fruktans makt (El poder del miedo) ya estaba en el mercado. Ni corto ni perezoso escribió la reseña - poniendo el libro a caldo, además -, a pasar por caja... y a hacer el más espantoso de los ridículos. En este caso la estafa está clara, pero me pregunto cuantas críticas de esta índole habremos leído. Más de una, supongo.

Pero no se alarmen. Las reseñas de esta bitácora vienen con certificado de calidad: Sólo libros leídos.

Vía: o de como algunas noticias pueden resultar curiosas

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