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Astérix y Obélix, mucho más que un cómic para niños (IV)

Astérix y Obélix, mucho más que un cómic para niños (IV)
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Un collage de personajes pintorescos

El primer álbum se llamó ‘Astérix el Galo’ y el nombre del bajito y rubio protagonista aparece en el título de 19 de las 35 entregas, mientras que el de su rellenito y pelirrojo compañero apenas lo hace en tres ocasiones (sólo una más que el de César) y son 13 las ediciones en las que no sale ninguno en el título, en las que la única referencia a otro personaje de la aldea aparece en ‘El combate de los jefes’. Como todos sabemos, las aventuras generalmente se centran en la “concomitante y oximórica” pareja, pero la importancia del resto de los personajes va adquiriendo peso a lo largo de la colección. A continuación, comentaré brevemente la figura y el papel de algunos de los actores más destacados de la magna obra de Goscinny y Uderzo, obviando a Astérix y Obélix que, siendo la pareja protagonista, es bien conocida por todos:

Los habitantes de la Aldea Gala

Lo primero que hay que señalar es que el poblado de los galos no tiene otro nombre sino Aldea Gala. Mientras que todas las demás localizaciones tienen un origen real (Roma, Lutecia, Alejandría, Londinum, Hispalis…), de la aldea de irreductibles galos sólo conocemos su ubicación, en Armórica, noroeste galo.

Desde mi punto de vista, hay que dividir a los personajes de la aldea en dos grupos. El primero está compuesto por un trío formado por los personajes más cercanos a la pareja protagonista y el segundo por el resto de habitantes de la aldea, más o menos importantes dependiendo de la aventura.

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Abraracúrcix, el jefe: también conocido en su momento como Abrazopartídix, pues su nombre francés deriva de “à bras raccourcis” (a brazo partido). Es el jefe de la Aldea Gala y está casado con la pequeña y malhumorada Karabella, que suele llamarle “cerdito”. Es un galo orgulloso de su raza y siempre presume de haber estado al lado de Vercingetórix, jefe de todas las tribus galas, en la batalla de Gergovia. En las ocasiones importantes suele ir sobre su escudo, aunque raro es el día que no acaba en el suelo por culpa de unos portadores un tanto despistados. Es un verdadero glotón, con un gusto por los jabalíes sólo superado por Obélix. Tiene por costumbre rodearse de Panorámix y sus guerreros para decidir los designios de la aldea. Siempre quiere encabezar las batallas pues es un hombre valiente que sólo teme una cosa: que el cielo le caiga sobre la cabeza.

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Panorámix, el druida: su nombre proviene de “panoramique” (panorámico). Ocupa sus días recogiendo hierbas en el bosque para preparar sus brebajes, entre los que destaca la poción mágica, capaz de multiplicar la fuerza y la agilidad de un hombre durante cierto tiempo. Ejerce como una figura paternal en medio de tanto hombre-niño, salvaguardando el correcto uso de la poción y preocupándose por todos los peligros que pueden amenazar a su pueblo. Es un derroche de paciencia, virtud de la que hace gala cada vez que le tiene que negar a Obélix el consumo de la poción mágica. Y hay un elemento que me parece realmente destacable: es un druida arreligioso cuyo papel se acerca más al de consejero que al de autoridad religiosa. Digamos que no menta a Tutatis o Belenos más que cualquier otro de sus vecinos.

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Ideáfix: este simpático perrito aparece por primera vez en la puerta de una charcutería de Lutecia en ‘La Vuelta a la Galia’, 5º álbum de la colección; desde ese momento comienza a seguir a Astérix y Obélix sin que estos le presten atención, los acompaña durante su tour por la Galia y acaba llegando a la aldea junto ellos. No es de extrañar que su nombre, Ideáfix (o Idéfix), surja pues de “idée fixe” (idea fija). En la siguiente publicación, ‘Astérix y Cleopatra’, ya aparece apadrinado por Obélix, con el que establece una relación especial. Es un perro de grandes cualidades, valiente en la batalla (no pocas veces le vemos perseguir y morder el culo a algún pobre legionario) y muy inteligente (saca a sus amigos del laberinto de la Pirámide y aprende a ladrar en vikingo en un santiamén en ‘La Gran Travesía’). Y además destaca por su conciencia ecologista, mostrándose especialmente sensible a la tala de árboles. Lo que difícilmente podrá aprender, por mucho que se empeñe su dueño, es a transportar menhires.

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Asurancetúrix, el bardo: su nombre proviene de “assurance tout risque” (seguro a todo riesgo), por lo que también es (mal)llamado Seguroatodoriésguix. Es un habilidoso multi-instrumentista (con cierta inclinación por la lira) con un gran talento para la composición y poseedor de una voz muy personal. Lástima que en su aldea no encuentre un público que sepa apreciarlo, en parte por los chaparrones que caen cada vez que canta. Siempre está dispuesto a entonar una canción que narre las hazañas de los héroes o para despedirlos cuando salen de aventuras, pero nunca consigue hacerlo, pues Esautomátix, personaje poco amigo de la música del bardo, siempre está vigilándolo y dispuesto a clavarlo en el suelo con su martillo si hace falta. Aún así en alguna ocasión encuentra algún admirador, como un joven punky de Lutecia o todo el pueblo indio al que saca de la sequía con su voz. En los banquetes con los que acaban las historietas suele estar atado y amordazado para que no agüe la fiesta con su música (lo cual siempre me ha despertado cierta empatía por él, porque me daba pena…).

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Esautomátix, el herrero: aparece ya en el primer álbum, con un aspecto regordete y no demasiada altura, y a medida que va convirtiéndose en un secundario habitual, Uderzo estiliza su figura hasta convertirlo en un tipo alto y forzudo, siempre vestido con su característico delantal de cuero de forja. Tiene mal carácter y siempre hace gala de él: siempre está chinchando a Ordenalfabétix por el mal olor de su pescado y la discusión suele acabar en bronca, no respeta a los ancianos (suele llamar “antepasado” a Edadepiédrix) y, sobre todo, odia la música de Asurancetúrix, al que impide hacer gala de su arte (“¡No, no cantarás!”) o directamente le pega una buena zurra.

Ordenalfabétix, el pescadero: un autónomo poco fiable cuya mercancía suele estar podrida o en dudoso estado. No soporta que nadie diga que su pescado está mal y no duda en acudir a los puños para impedirlo. Su puntería en el lanzamiento de pescado (a la cara de Esautomátix o Abraracúrcix) es legendaria.

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Edadepiédrix: es el habitante más longevo de la aldea; tanto que en ‘Astérix y lo nunca visto’ conocemos a los personajes cuando eran unos críos y Edadepiédrix ya era por entonces un viejo cascarrabias. A pesar de su apariencia para los romanos es un adversario tan temible como cualquier otro cuando ha tomado poción mágica y corre tras ellos para apalearlos con su bastón. Además, su esposa (que no tiene otro nombre sino Señora Edadepiédrix) es la mujer más bella de la aldea, y es mucho más joven que él pero es la que gobierna la casa, obligando a su marido a fregar los platos y demás menesteres.

Hay otros personajes en la aldea, mucho más secundarios que los anteriores: además de las mujeres de Edadepiédrix y Abraracúrcix, está la de Ordenalfabétix, llamada Yelosumarín; no podemos olvidar a los porteadores del jefe y merece la pena mencionar al cartero Filatélix, que aparece en dos álbumes.

Los romanos

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Julio César: es el principal antagonista de los galos pero, al igual que Astérix y Obélix no son unos héroes al uso (de hecho podríamos calificarlos perfectamente como ‘antihéroes’), el César tampoco es un ‘malo’ ortodoxo. Es un personaje complejo con el que Goscinny y Uderzo juegan sin faltarle al respeto a la figura histórica. Unas veces nos lo presentan noble y aristocrático, con un aspecto que recuerda al de las estatuas clásicas, otras veces lo vemos totalmente fuera de sí, desesperado por culpa de la rebeldía de los galos. Cuando está rodeado por sus senadores y demás “súbditos” se muestra como un hombre magno al que todos temen, mientras que frente a Cleopatra claudica ante sus extraordinarias belleza y personalidad, como cualquier otro hombre.

Vencer la resistencia de los galos se convierte en un reto personal para él, por lo que una y otra vez busca el modo de someterlos para poder decir, al fin, que ha conquistado toda la Galia. Para ello acude a planes de lo más diverso, a saber: las sucias armas del capitalismo de ‘Obélix y compañía’, los execrables métodos de Detritus en ‘La Cizaña’, la invasión inmobiliaria de ‘La residencia de los dioses’... Pero a pesar de todo esto, también se muestra como un rival honorable que sabe reconocer el valor de los galos, a los que respeta como los adversarios más duros que jamás ha tenido.

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Brutus: el hijo adoptivo de Julio César es caricaturizado como un joven envidioso, apático y rencoroso, imagen muy alejada de la real, pues Marco Junio Bruto fue un romano de categoría, el romano más noble, como lo llamó Marco Antonio tras derrotarlo. En la colección vemos como ha de aguantar que César le repita una y otra vez aquello de ‘tu quoque, fili’, hasta el punto que en una de esas ocasiones, Brutus piensa para sí “¡Ya me está empezando a fastidiar con sus veladas alusiones! Un día de estos le voy a…”, como premonizando que algún día realizará un acto que sí se merecerá el reproche de ‘¿Tú también, hijo mío?’. Asimismo, aparece en diversos momentos jugando con un puñal y en una de esas ocasiones César le advierte: “Bruto, deja de jugar con ese cuchillo. Vas a terminar haciéndole daño a alguien…”. Según decía uno de nuestros lectores, Lograi, ésto aparece en la película ‘Las doce pruebas de Astérix’; es cierto, pero también lo podemos ver en una de las versiones del álbum ‘El adivino’.

Finalmente, en ‘El hijo de Astérix’ acaba traicionando a su padre al buscar la muerte de Cesarión, el hijo que Julio César tuvo con Cleopatra (y que acabó siendo el faraón Ptolomeo XVI) pretendiendo eliminar al niño que amenazaba su herencia. Ésto fue lo que en la realidad hizo Octavio Augusto (verdadero heredero de César según su propio testamento), que fue quien invadió Egipto para derrocar a la pareja Cleopatra-Marco Antonio y quien hizo matar al joven Cesarión para eliminar todo atisbo de duda sobre la herencia del nombre. Goscinny y Uderzo utilizan dicha historia para deshonrar al joven Brutus, futuro líder de la conspiración de senadores que acabaron asesinaron a César; es decir, mezclan ambas historias para poner a Brutus en su sitio: el del desleal que traicionó a César.

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Además del César y su hijo adoptivo, las aventuras de Astérix y Obélix están repletas de personajes romanos que odiamos de niños pero que, con el tiempo, reconocemos como grandes secundarios (de entre todos ellos citaré algunos de los más interesantes). Caius Bonus, del que ya hablé en el post sobre las Citas latinas, es el primer centurión que sufre las consecuencias de intentar acabar con el pueblo de irreductibles galos. Perfectus Detritus, el harapiento y desagradable romano con el don de sembrar la discordia allá donde va en ‘La Cizaña’. Anguloagudus, el joven y emprendedor arquitecto al que César le encarga la construcción de un gran edifico de viviendas junto a la aldea gala en ‘La residencia de los dioses’. Cayo Coyuntural, el especulador que intenta contagiar el egoísmo capitalista a los galos en ‘Obélix y compañía’. Cerceroseix, el druida-espía al que sigue una enamoradiza mosca mensajera en ‘La odisea de Astérix’.

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Y por último, mi preferido, Caius Pupus, el pequeño funcionario ‘Las doce pruebas de Astérix’, el único romano que no intenta acabar con los galos, ya que sólo se dedica a organizar y registrar los trabajos de Astérix y Obélix en ‘Las doce pruebas de Astérix’, y cuya peculiar forma de andar imitaba de pequeño, al igual que hacía Obélix en la película.

En el siguiente post repasaremos la figura de algunos de los personajes de otras regiones, como la bella Falbalá y su novio Tragicómix, Cleopatra y su arquitecto Numerobis, el bretón Buentórax, el faquir indio Ahivá, el pequeño hispano Sopalajo Arrierez y Torrezno, Grosebaff el normando, el corso Ocatarinetabelachitchix… sin olvidar a los piratas y, cómo no, a los jabalíes.

En Papel en Blanco | Astérix y Obélix, mucho más que un cómic para niños (I), (II) y (III)

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