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Superlópez, el héroe con personalidad

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Ha llovido mucho desde que Juan López Fernández iniciara las aventuras de Superlópez, nacido para ser una parodia de Superman, obra y gracia de DC Comics y llevado exitosamente al cine por Richard Donner.

Superlópez conserva tantas analogías con el superhéroe de la capa roja que es imposible mencionarle sin hacer referencia a su homólogo estadounidense. A pesar de que esto podría parecer un handicap, Superlópez es uno de las más brillantes y divertidas series de cómics que se han publicado jamás en nuestro país, y rendirle homenaje es lo menos que se me ocurre hacer. Sus aventuras formaron parte de mi infancia de una manera muy representativa. Sus tramas, tan "serias" como delirantes, y la propia evolución del personaje constituían una alternativa inteligente a Mortadelo y Filemón.

Superlópez es, como he dicho, un Superman venido a menos. Venido del planeta Tchitón e instalado en España, concretamente en Cataluña, pronto se percata de sus extraordinarias habilidades (visión láser, supervelocidad, capacidad de volar, gran fuerza...), y decide salvar al mundo dentro de sus posiblidades, mientras hace vida diaria con el nombre de Juan López, trabajando como contable.

Vaya por delante que, desde su nacimiento en 1980, han existido irregularidades en cuanto a la evolución del protagonista y de la calidad de sus aventuras, pero sólo por las historias publicadas en la década de los 80, Superlópez merece mucho la pena.

Los primeros 12 volúmenes son sencillamente redondos. Entre ellos se encuentran los referentes al Supergrupo, una pandilla de singulares héroes que se alían para salvar al mundo al estilo Marvel; Los Cabecicubos, una alegoría de la Transición Española que parece ideada por David Lynch; Los Alienígenas, desternillante thriller sobre una chapucera invasión extraterrestre; La Semana Más Larga, brillante en cuanto a estructura y manejo de situaciones; o El Señor de los Chupetes, parodia de la saga El Señor de los Anillos, provista de una hilarante osadía.

A partir de El Asombro del Robot (1990) el bajón es evidente, pero igualmente existen volúmenes muy estimables. Sin embargo, creo personalmente que el genio de Jan (pseudónimo-apodo del autor) se terminó en El Infierno (1996), una revisitación dantesca del averno. Desde entonces, sólo me ha resultado curioso que en los últimos, Superlópez luzca canas en las patillas, como representación de su madurez.

Hay muchos detalles que pueden hacer las delicias del lector inteligente. Vemos cómo Juan López esconde su identidad secreta a toda costa, aunque para algunos seres sea muy fácil desvelarla, como se puede ver en Los Alienígenas o La Caja de Pandora. Imposible no acordarse de Clark Kent. Luisa Lanas es el contrapunto a Juan López/Superlópez (nótese que es la traducción literal de Lois Lane). Es una compañera de trabajo con la que mantiene una peculiar tensión sexual, que está enamorada del aburrido Juan López, y sin embargo rechaza a Superlópez por considerarle una medianía (cuanto menos curioso que sea lo inverso). También tenemos al jefe (de nombre indefinido), que como Perry White, establece disciplina y minimiza los logros de Superlópez. Por último, Jaime González, el fotógrafo, el Jimmy Olsen español, claro antagonista en los primeros cómics, y luego amigo personal de Juan López.

Superlópez tiene mucho de caricaturesco, se atreve a reírse de los entresijos del cine, a mostrar el lado divertido de la mitología clásica, la obra de J. R. R. Tolkien, Cecil B. de Mille, Julio Verne, critica la televisión, Internet, las sectas, la estructura de Mónaco, el rock comercial, las drogas... nada parece gratuito en sus historias y las viñetas se suceden con un humor único y característico. Muchos volúmenes, sobretodo los últimos, son prescindibles, pero los 12 primeros hay que leerlos. Y tienen que leerlos YA.

Página de Superlópez | Cachis la Mar

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