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Tres 'Astérix' para recordar a Goscinny

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El 5 de noviembre de 1977 René Goscinny moría a los 55 años tras sufrir una parada cardíaca mientras realizaba una prueba de esfuerzo en una clínica privada. Francia perdía así a su mayor historietista y a la única figura del cómic europeo capaz de medirse en el olimpo con Hergé. Goscinny dejaba atrás sus creaciones de Astérix el galo, Iznogoud, los libros del pequeño Nicolás, decenas de guiones de Lucky Luke y la dirección a medias con Uderzo de la histórica revista de arte gráfico Pilote.

También dejaba una mujer y una hija que no había cumplido los diez años. Mi madre me dijo: Sabes, es mejor haber tenido un padre genial durante nueve años que uno gilipollas durante treinta. - explicó más tarde Anne Goscinny, de quién su padre se había despedido aquél día con un "hasta esta noche" - En ese momento yo hubiera preferido un padre menos genial, pero más vivo.

Para conmemorar los treinta años de su muerte Salvat lanza un tomo recopilatorio bajo el nombre de Homenaje a Goscinny. Se trata de tres de sus álbumes seleccionados por el ex subsecretario del Ministerio de Interior Leopoldo Calvo-Sotelo Ibáñez-Martín: Astérix el galo, Astérix y el caldero y Obélix y compañía.

El primero de ellos (1961) tiene principalmente valor histórico, porque apenas hace otra cosa que sentar las bases del mundo de Astérix y tanto su guión como su dibujo están muy lejos de la calidad de los que seguirían. Astérix y el caldero (1969) hace perseguir a los bigotudos héroes unos sestercios con olor a sopa de cebolla y Obélix y compañía (1976), el último guionizado por Goscinny, es una grandiosa sátira sobre la economía de mercado y su amenaza para la convivencia tradicional de la aldea.

Sorprende un poco que se haya escogido los dos álbumes más "políticos" de la saga, en los que incluso se puede reconocer a personajes como Giscard D' Estaing como recaudador de impuestos o a un joven Jacques Chirac como el tecnocráta Cayo Coyuntural. Pero el universo de Astérix es tan amplio y abarca tanto que nunca nos pondríamos de acuerdo en cuáles son los esenciales. Yo, por ejemplo, me quedaría con El Adivino (brillante alegato contra la superchería) o con La Cizaña y ese horrible hombrecillo sembrador de malos rollos...

Y por supuesto, con Astérix en Hispania. Con sus choza-caravanas de bárbaros norteños cruzando los Pirineos, sus espantosas carreteras, sus procesiones de druidas y la corrida triunfal del primer aurochero de Hispania (y no "aurocheador", un error muy común que cometen los franceses).

Vía | Yahoo! Noticias Más Información | Homenaje a Goscinny en El Mundo

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