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'Viaje a Tulum', de Milo Manara y Federico Fellini

'Viaje a Tulum', de Milo Manara y Federico Fellini
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El último Salón del Cómic de Barcelona tuvo por invitado a uno de los artistas del cómic europeos más relevantes del siglo XX, el italiano Milo Manara, y se conmemoró una de sus obras que no está entre las más populares pero por la que indudablemente merece mayor reconocimiento artístico. Se trata del Viaje a Tulum, basada en un relato original del director de cine Federico Fellini, una declaración poética hecha a cuatro manos por dos grandes creadores cuyo sentido es tan misterioso como fascinantes sus imágenes.

Lo que rodea a la gestación del Viaje a Tulum es igualmente nebuloso. Hay historias sobre una película que Fellini nunca pudo hacer, sobre un viaje que realizó pero nunca llegó a filmar, sobre un relato que publicó y sobre el que Manara, absolutamente hechizado, le rogó que hicieran un cómic. De esa conjunción entramos en un mundo en el que no se distingue donde acaba Fellini y empieza Manara, si no es acaso Manara habitando las fantasmagorías y el imaginario de Fellini, ese que le ha valido su puesto en el Olimpo del cine.

No hay un argumento propiamente dicho. Hay un reflexión parte Fellini, parte Manara sobre el mundo, la creación, el sueño, el eros, la fantasía y la realidad. En un momento dado Fellini parece tomar el control y empezar a rodar una película, la del Viaje a Tulum, que trata precisamente de cineastas y autores de cómic tratando de rodar el viaje a Tulum. Sin embargo la historia escapa de las manos del director y sus personajes transformándose en fantasía desbordada, puro impulso poético que describe el germen de la ficción, simbolizado por un avión alzando el vuelo desde las profundidades de un estanque.

Parte de la belleza del Viaje a Tulum radica en la declaración de amor que le hace Manara al cine, especialmente como hemos dicho al de Fellini. Todo en ella es cinematográfico, como una realización de la película que nunca se llegará a hacer. En sus viñetas se asoman obras maestras como La dolce vita o Amarcord en unos platós abandonados de los estudios Cinecittá animados por imágenes vivientes. Rizando el rizo, el Fellini de Manara se encarna una vez más en su alter ego cinematográfico favorito, el actor Marcello Mastroianni, enviado por ambos creadores a encarnar su ficción - pero quién desarrolla una propia y sólida entidad, más allá de los hilos de los que tiran sus titiriteros.

Tratándose de dos de los mayores erotómanos de nuestra época, la sexualidad y sus mitos tienen una importancia capital en este Viaje a Tulum. Sin embargo Manara y Fellini se muestran sorprendentemente recatados a este respecto, hasta el punto de que el sexo en sí está tratado de manera superficial y llegando a ser (¡Es el el colmo!) interruptus. Subyace aquí la fascinación por el eros femenino que detentan ambos. El viaje mágico y etéreo a Tulum es una aventura masculina. El cometido de la mujer, mujer-mundo que abarca el cosmos entre sus caderas, es el de retener la imaginación a ras de suelo. Como expresan varias viñetas de gran belleza, para Fellini y Manara no hay historia hasta que surge la mujer.

El Viaje a Tulum no tiene un sentido cerrado. Es, como hemos dicho, la historia de un viaje asimismo interruptus, lo que equivale a decir un viaje eterno, cíclicamente repetido en un movimiento perpetuo de creación y disolución. Es también una obra maestra de la poesía en imágenes. Cada viñeta está llena de secretos y sugestiones. Una obra que entusiasma a los mitómanos de estos autores italianos, pero a la que todos están invitados a acercarse con la mente libre de prejuicios.

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