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EL SENABRE INSATISFACTORIO

EL SENABRE INSATISFACTORIO
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Los recuentos de los suplementos culturales patrios ya están casi todos listos (falta por ver el repaso de Babelia). Ricardo Senabre califica de insatisfactorio el 2006 para las letras españolas. Supongo que este juicio es más bien inexacto: no deja de ser una postura complaciente premiar a Eduardo Lago, premio Nadal, por “usar muchas técnicas narrativas” por una novela tan inofensiva como Llámame Brooklyn.

El problema del enfoque de Senabre sigue siendo representativo: su crítica al posmodernismo es perezosa y superficial. Cuando, por fin, parece haber cambios figurando en la lista la fragmentaria y arriesgada Nocilla Dream de Agustín Fernández Mallo, el crítico se lamenta de que sean técnicas ya usadas en los años 30. Toma engarrotamiento, dogma y mandamiento. Como si la literatura fuese un lugar de inventar cosas nuevas. Este alarmante problema de lenguaje impide que el crítico tome en consideración que, a estas alturas de la historia de la cultura humana, la gracia no estriba tanto en inventar nuevas técnicas como en explorarlas de formas que no se hayan hecho antes.

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