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‘Happiness’, de Will Ferguson

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Como respuesta a la avalancha de títulos de autoayuda, realización personal y coaching empresarial con ribetes new age (muchos de ellos superventas), Will Ferguson arremete con una satírica novela en cuyo epicentro gravita el mensaje (textualmente pronunciado por el protagonista):

La razón por la que tenemos tantos libros de autoayuda es que no sirven de nada.

Y es que Happiness no se queda en la mera sátira, también constituye un lúcido análisis sobre los mecanismos que nos conducen a la felicidad y sobre la inutilidad de su búsqueda; así pues, paradójicamente, Happiness podría ser catalogada como un excelente libro de autoayuda, un libro de autoayuda que deja al descubierto el truco: la infelicidad es el verdadero motor del mundo, así que no debemos cometer el error de erradicarla.

La historia comienza cuando Edwin de Valu, editor de éxito, encuentra entre un montón de borradores (impagable la escena de cómo se descartan los borradores que llegan a la editorial y se redactan las formales cartas de rechazo) un libro de autoayuda que verdaderamente funciona. Funciona hasta límites insospechados. Tanto es así que, al publicarse el libro, el mundo empieza a volverse insoportablemente feliz. Todos dejan el tabaco, el alcohol, sus trabajos asfixiantes… y se marchan a pescar, entre otras cosas.

El libro de autoayuda en cuestión se titula Lo que aprendí en la montaña, de un tal Tupak Soiree, del que poco se sabe, y poco a poco desencadenará el fin del mundo tal y como lo conocemos. Una vez alcanzada una estabilidad edénica, cuando la sociedad ya no esté interesada en rellenar sus orfandades escalando nuevas cumbres, la vida perderá todo sentido, tal y como refiere un fragmento de la novela:

¿Qué somos, Jack? ¿Quiénes somos? No somos nuestros cuerpos. No somos nuestras posesiones, ni nuestro dinero ni nuestra posición social. Somos nuestras personalidades. Nuestras flaquezas, nuestras manías, nuestras excentricidades, nuestras frustraciones y nuestras fobias. Si quitamos todo eso, ¿qué nos queda? Nada. Sólo caparazones humanos felices y estúpidos. Miradas vacías y expresiones insípidas, Jack (…) Pronto todo el mundo hablará igual, sonreirá igual, pensará igual. Las personalidades se diferencian cada día menos. Las personas están desapareciendo. Y usted es el culpable, Jack. Es un asesino.

Si Edwin de Valu no quiere ser responsable de la extinción de la humanidad, deberá localizar de nuevo a Tupak Soiree para que arregle el desaguisado: quizá escribiendo otro libro, esta vez totalmente opuesto: netamente pesimista.

La novela es muy entretenida, en el canadiense Ferguson oímos ecos del humor inglés de Tom Sharpe, y pese a avanzar principalmente con diálogos rápidos e ingeniosos (el propio autor admite que la novela surgió originalmente como un guión cinematográfico), también se disfrutan poéticas disquisiciones que demuestran el mejor pulso del autor. Disquisiciones, por cierto, en perfecta consonancia con lo último que sabemos acerca de los mecanismos de la felicidad: la felicidad en exceso es paralizante, pareja a la muerte, como puede comprobarse en experimentos con ratas que disponen de un pulsador para transmitirse, vía neuroquimica, un subidón de endorfinas. Al poco de que la rata descubre la felicidad sintética que le suministra el pulsador, comienza a perder el interés por efectuar otro tipo de tareas, incluso la de alimentarse para sobrevivir. La felicidad, pues, funciona como una droga potente, y sólo el acto de su búsqueda (que no su posesión absoluta) tiene verdadero sentido.

La conclusión que arroja Happiness, pues, es que debemos caminar cual funambulistas por la delgada línea que separa la felicidad paralizante de la depresión paralizante. Aunque aquí, en el final de Happiness, es cuando Will Ferguson se muestra más meándrico y soporífero, demasiado moralizador al estilo de los libros de autoayuda que critica. Con todo, un ligero traspiés para un libro brillante y muy, muy divertido.

Editorial: Emecé Editores, 2007 Colección: Booket Páginas: 416

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