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Alejandro Gándara: 'Creemos que sólo vivimos cuando pasan cosas'

Alejandro Gándara: 'Creemos que sólo vivimos cuando pasan cosas'
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Cuando un par de viejos lobos como Alejandro Gándara (alias Escorpión) y Julio Llamazares se reencuentran ya puedes dar el evento por perdido. No importa que se celebraran los treinta años de la primera novela de Gándara, La media distancia, ni que el tema del coloquio fuera su nueva novela El día de hoy. Para dos veteranos con tanta mili literaria encima como estos dos es inevitable que la rutina de una presentación se transforme en un intercambio estilo 'extraña pareja'. Para regocijo, dicho sea de paso, de la concurrencia.

L: En el fondo tú eres un escritor muy tramposo.

G: Gracias por todo lo que me has dicho.

L: Si yo no te conociera, me preocuparía conocerte.

G: Eso explica por qué no nos hemos visto en 25 años.

Pero no penséis que todo se quedó en este amable toma y daca aderezado con anécdotas sabrosas (Cuándo un periodista te pregunta 'de qué trata su novela' tú le miras fijamente varios segundos, a ver si asoma el rubor; pero él ni caso, se cree que estás pensando la respuesta) , también hubo tiempo para hablar de El día de hoy. Una novela atípica: el relato del día de un hombre corriente en el que las horas duran todas, inevitable y obligatoriamente, catorce páginas.

El día de hoy es la historia de un jardinero en paro, ex seminarista, divorciado y a cargo de un hijo adolescente con el que se lleva a matar y al que no puede mantener. ¿Suficiente dosis de realidad? No para Gándara, que se propuso medir la temporalidad exacta de un día en su correlato libresco. Catorce páginas para cada hora del día. ¿Pero es que cada hora da para tanto? No, evidentemente, dice el autor, que confiesa que estuvo tentado de que su personajes se echara la siesta.

Tuve que inventar una tal cantidad de cosas para llenarlas... Al final se arregló con labia. El lector se cree que pasa algo, pero en realidad no pasa nada.

¿Una novela (mejor: otra novela) en la que no pasa nada merece la pena? Escuchemos lo que dice Llamazares de ella: Es una novela con tres facetas. Hay descripciones de lugares y descripciones de acciones, y están salpicadas de pepitas de oro o minas de destrucción de pensamiento. Una novela construida a condición de que no pasara nada para forzar al lector a oir la música de lo cotidiano, el rumor del tiempo y quitarle esa percepción de que vivir es sólo que te pasen cosas. Gándara aspira a retener el fluir del tiempo y experimentar cada instante en su total intensidad.

Un novela impregnada de Madrid, ciudad juzgada con la distancia de los treinta años de escritor de Gándara. El Madrid de los sesenta tenía mucho proyecto y poco horizonte. Ahora hay mucho horizonte y poco proyecto. Medida por los tiempos de un trayecto en metro: si se tarda más de catorce páginas de una estación a otra, el protagonista llegará tarde a su cita. Una novela pasiva, parada, morosa, llena de humor amargo:

Esta es la primera gran novela sobre la crisis. Puede usted ir diciéndolo por ahí.

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