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‘Una lectora nada común’, de Alan Bennett

‘Una lectora nada común’, de Alan Bennett
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¿Qué pasaría si la reina Isabel II de Inglaterra empezara a leer libros compulsivamente?

Alan Bennett lleva a cabo un lúdico ejercicio de especulación sobre las implicaciones que acarrearía este hecho para la reina y para todo su universo. Su título: Una lectora nada común. Una pequeña novela (quizá demasiado miniaturizada para considerarse una novela y no un cuento) aguda y encantadora, de un fino humor británico.

Y es que la reina cambia tras haber entrado en contacto con los libros, se metamorfosea por completo gracias al poder de las letras, pasando de su hieratismo, su frialdad y su seguridad en sí misma a una situación de inquietud sin límites, a unas ganas locas de vivir y a una eterna inseguridad. Porque los libros demuestran que el mundo es más complejo de lo que parece y te facilita el ponerte en la piel del otro.

Si le hubieran preguntado si la lectura había enriquecido su vida habría contestado que sí, sin duda alguna, aunque habría añadido con la misma certeza que al mismo tiempo la había vaciado de toda finalidad. En otra época era una mujer resuelta y segura de sí misma, que sabía cuál era su deber y tenía intención de cumplirlo todo el tiempo que pudiera. Ahora muchísimas veces estaba dubitativa.

El autor, como muchos se han cuidado de recalcar, muestra la imagen de la reina con exquisito decoro, jamás la ridiculiza, jamás la humilla, y esta elegancia a la hora de presentarla termina por hacernos sentir compasión por la propia reina, por sus protocolos, su obligación de mostrarse interesada pero no interesante. Su transformación en lectora irredenta, pues, también transita por el mismo camino, y el autor recurre al humor, a la fábula, para conseguir que ambas facetas del mismo personaje coexistan en la realidad que todos conocemos.

Nunca le había interesado mucho la lectura. Leía, por supuesto, como todo el mundo, pero el gusto por los libros era algo que dejaba a los demás. Era un hobby, y la naturaleza de su trabajo entrañaba no tener obvies. El jogging, cultivar rosas, el ajedrez o escalar, el aeromodelismo y decorar tartas. No. Las aficiones suponían preferencias y había que evitar las preferencias: excluían a la gente. No tenía preferencias. Su trabajo consistía en mostrar interés, pero no en interesarse. Y además leer no era hacer algo. Ella hacía cosas.

El único punto negativo, tal vez, habría que achacárselos al formato de Una lectora nada común. Sólo tiene 119 páginas de letra enorme (así que calculo que ni siquiera llega a 50: se puede leer en menos de una hora). La historia es prácticamente inexistente, sólo se plantea como una sucesión de reflexiones acerca del poder de la literatura y como éste genera pequeñas anécdotas en la vida diaria de una reina omnipotente. No hay mucho más. Y no es poco. Pero quizá es excesivo comercializarlo como novela y no como un cuento un poco alargado. Hubiera sido interesante añadirle un poco más de complejidad a la trama para que la historia trascendiera la anécdota.

De todos modos, Una lectora nada común es una lectura imprescindible para todo aquél que haya sentido alguna vez cómo un libro le ha cambiado la vida de alguna forma. Y al cerrar este pequeño libro de Alan Bennett uno no puede evitar hacerlo con una sonrisa. Sobre todo por la última línea, que, por supuesto, no desvelaremos.

Editorial Anagrama Año 2008 119 páginas

Sitio Oficial | Editorial Anagrama En Papel en blanco | Regalo para el día de la madre: Una lectora nada común, de Alan Bennett

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