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Carlos Fuentes: 'La novela perfecta rechazaría al lector'

Carlos Fuentes: 'La novela perfecta rechazaría al lector'
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Carlos Fuentes se encuentra en la encrucijada en la que vida e historia se confunden. A punto de cumplir ochenta años, también ve aproximarse el cincuenta aniversario de la publicación de La región más transparente, la novela que le catapultó al boom hispanoamericano. Sin embargo, los que hemos ido a verle presentar su última obra La voluntad y la fortuna al auditorio de Casa América nos hemos encontrado a un Fuentes jovial y lleno de energía, sin dar muestras de fatiga ni por el maratón conmemorativo ni por el cierre de ciclo que supone esta obra.

El colombiano Juan Gabriel Vásquez, con el que estuvo conversando, define efectivamente La voluntad y la fortuna como el cierre de una trilogía sobre la Ciudad de México abierta con La regíon... y Aura. Fuentes asiente puntualizando que sus novelas no son sobre México , sino sobre las cosas que ocurren en México. De ahí su teoría de que todas las historias ya estan contadas, sólo cambia el contexto, y que La voluntad y la fortuna recree una parábola biblíca encarnada en la realidad política y social mexicana.

La historia, así, nos presenta a Josué y Jericó, dos amigos de infancia que acabarán siendo rivales encarnizados. Pero tiempo al tiempo. Los dos muchachos leen a Maquiavelo y aprenden que hay tres fuerzas en el universo. La primera es la voluntad, la libertad del príncipe para obrar según su deseo. La segunda es la necesidad, que coarta es libertad y obliga a obrar según requiera la situación. Y la tercera es la fortuna, el puro azar que convierte cualquier decisión en una tirada de dados.

Con estos antecedentes los dos amigos resuelven que están llamados a hacer política y sellan así un destino trágico, que llevará a Josué a terminar convertido en una cabeza cortada que flota en el Pacífico frente a la orilla y de paso nos sirve de narrador.

Mi cabeza arrancada como la de un feto muerto que debe perderla para que el cuerpo acéfalo nazca a pesar de todo, palpite por unos instantes y muera también, ahogado en sangre, a fin de que la madre se salve y pueda llorar. Después de todo, la guillotina primero ensayó su eficacia cortándole la cabeza, no a los reyes, sino a los cadáveres.

Vásquez pregunta si Fuentes aspira a la novela total. Él lo descarta de plano: su novela es larga pero no total. La idea de una novela perfecta es absurda, dice. Lo apropiado es hacer una proposición controlada de imperfección con tu obra. Aunque fuera posible dar con el texto infalible, continúa, la falibilidad seguiría existiendo del lado del lector. La novela perfecta nos rechazaría a nosotros.

Termina el turno de diálogo y Vásquez tiene una última pregunta: ¿Porqué se siguen leyendo las novelas? Para comprobar que están bien muertas, bromea Fuentes. Pero a continuación reflexiona. La novela no es una reproducción del mundo sino un añadido crítico al universo. Poco importa, por lo tanto, su fidelidad a lo histórico probado: sus criterios de verosimilitud son otros.

Lo que la ciencia opera a través del método, la literatura lo hace con la imaginación. La novela es una herramienta de conocimiento, imaginación y sentimiento, dice Fuentes. Y la imaginación es la transformación de la experiencia en conocimiento.

En Papel en Blanco | Carlos Fuentes

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