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Distopías de fin de siglo (II): 'Vril, el poder de la raza venidera' de Edward Bulwer-Lytton

Distopías de fin de siglo (II): 'Vril, el poder de la raza venidera' de Edward Bulwer-Lytton
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El nombre de Edward Bulwer-Lytton en literatura quizá no os suene de nada. Si decimos que es el autor de la conocida novela histórica 'Los últimos días de Pompeya' quizá ya os suene más. Y es que este autor británico, pese a ser de gran renombre en su época, ha sido tragado por la noche de los tiempos, quizá un tanto injustamente. Alabado por Mary W. Shelley y amigo personal de Charles Dickens, hoy es un personaje gris cuya aportación a la literatura, aparte de la novela citada, es aquella frase con la que da inicio su obra 'Paul Clifford' y que ha sido objeto de mofa durante décadas: 'It was a dark and stormy night...' como perfecto ejemplo de la peor manera de iniciar una narración.

En 1871, en plena era victoriana, Bulwer-Lytton publica una de sus narraciones más inquietantes y lúgubres: 'Vril, el poder la raza venidera', una obra a medio camino entre la novela de aventuras, la ficción científica que Verne había inaugurado y la literatura distópica.

El libro nos cuenta la historia de un joven norteamericano que llega, a través del descubrimiento de un ingeniero de minas en unas prospecciones, a un mundo subterráneo poblado por una extraña raza llamada Vril-Ya, la cual tiene como principal fuente de energía y transformación un misterioso elemento llamado "vril". Los Vril-Ya viven apartados del mundo exterior, del que ni siquiera conocen su existencia, en una especie de utopía donde se ha erradicado la violencia, la enfermedad y la pobreza. No existen los tribunales, ni las disputas, ni tan siquiera los miembros de esta raza tienen problemas existenciales o filosóficos, pues comulgan con una vaga idea de divinidad encarnada en la bondad. El protagonista es acogido por esta raza, que le trata con la indulgencia y la simpatía con la que nosotros trataríamos a una mascota. Pero, a medida que pasan los meses, la visión utópica de esta raza va dando paso a su cara oculta, donde no es oro todo lo que reluce. La serenidad e imperturbabilidad de los Vril deja traslucir un férreo sistema de pensamiento único en el que no cabe ningún tipo de disidencia. Los Vril presumen de ser una sociedad pacífica, pero cuando necesitan nuevos territorios y estos no pueden ser colonizados por las buenas, arrasan cualquier tipo de resistencia con ayuda de la energía vril. El mismo personaje intuye que, si los Vril llegasen algún día a la superficie de la tierra, la Humanidad tendría los días contados. El carácter, pues, de utopía, se desvanece cuanto más conoce el protagonista a sus anfitriones.

La verdad es que el tiempo no ha pasado en vano por esta novela. Si hoy todavía la recordamos no es tanto por su calidad literaria, como por lo impactante que resulta como proto-novela de ciencia ficción, y cuyas aventuradas suposiciones sobre una raza superior fascinaron en su momento. Los círculos esotéricos y teosóficos de fin de siglo vieron en ella una obra en clave que debía ser descifrada. Personajes tan conocidos en la época como Madame Blavatsky o Aleister Crowley fueron admiradores de Bulwer-Lytton, e incluso la novela inspiró la creación de una sociedad secreta, la Sociedad Vril, que operaba dentro de laS SS de Hitler, propugnando la superioridad innata de la raza aria. Pero nada de esto era la intención del autor, que lo que buscaba era mostrar su rechazo al racionalismo científico, al darwinismo y las utopías socialistas.

En la próxima entrega de nuestro repaso, conoceremos una fantasía apocalíptica escrita en pleno fin de siglo: 'La zona envenenada' de Arthur Conan-Doyle.

'Vril, el poder de la raza venidera' ISBN: 978-84-95537-84-2 Traducción de María Pérez Martín Ediciones Jaguar, 2004. Cartoné, 190 páginas.

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