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'El inventor de palabras' de Gerard Donovan

'El inventor de palabras' de Gerard Donovan
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Esta vez he tenido muy buen ojo. No me queda más remedio que reconocerlo. Así como otras veces la buena primera impresión se queda en una notable decepción, en esta ocasión ha sido todo un acierto. En una de mis excursiones por la librería (que pueden durar horas), me topé con El inventor de palabras de Gerard Donovan, autor totalmente desconocido para mí hasta ese momento. Al echarle un vistazo, me pareció que tenía muy buena pinta, pero ni me lo llevé ni pensé más en él. Hasta que hace un par de semanas, volví a detenerme delante suya y ojearlo. ¡Es que parece muy bueno!, pensé, y esta vez sí que no me contuve y me lo traje a casa. Sobra decir que me alegro muchísimo de ello.

Porque hacía mucho tiempo que no me encontraba con un libro tan bien escrito. Independientemente de que te guste lo que nos cuenta o no, objetivamente es una maravilla el simple hecho de leerlo e ir pasando páginas mientras te das cuenta de lo bien que lo hace, en más de una ocasión me detenía en un párrafo y lo volvía a leer, e incluso mi novia tuvo que escucharme leerle algunos fragmentos. Pero es que además, la historia me parece muy buena, sorprendente y muy bien llevada.

Así, ‘El inventor de palabras’, nos trae la historia de un hombre cercano a la cincuentena, Julius Winsome, que lleva veinte años viviendo completamente alejado y sólo en una cabaña. Bueno, sólo no, le acompaña su perro Hobbes, la única compañía con la que cuenta. Pero todo tomará un giro inesperado cuando su perro sea asesinado. La zona es frecuentada por cazadores y no se sabe si habrá sido un hecho fortuito o totalmente a conciencia. Será a partir de aquí cuando Julius empiece a reconocer sentimientos de los que no tenía noticias, e incluso llegará a plantearse la venganza. Por si todo ese trauma fuera poco, el animal es el último recuerdo que le queda de un antiguo amor, Claire, que fue la que le impulsó a que lo recogiera para que le hiciera compañía. Ha sido su único amor y aún no ha acabado de superarlo.

Me encanta la forma que tiene Gerard de contarnos la soledad asfixiante y lo mala que puede llegar a ser, llevando a Julius a hacerse todo tipo de conjeturas y a tener pensamientos nada buenos. Incluso para un hombre cuya pasión más visible es la literatura, ya que la cabaña se encuentra completamente forrada con 3.282 libros exactamente. De hecho el nombre del libro, ‘El inventor de palabras’ (en la versión original se titula como el propio protagonista), hace alusión a la admiración que siente por William Shakespeare, algo que heredó de su padre, que le obligaba a aprenderse diariamente alguna que otra palabra isabelina. Palabras que irán apareciendo a lo largo del libro. Además el hecho de que esté contada en primera persona, le da un realismo y una credibilidad incuestionable, consiguiendo un tono melancólico y triste que hace que sintamos lástima de la vida que lleva nuestro protagonista.

Gerard Donovan

Lo cierto es que a medida que va avanzando la historia, y desde el mismo comienzo, no deja de sorprenderte. De hecho cuando apenas llevas unas cincuenta páginas, es inevitable que no te aborde la sorpresa propiciada por un hecho nada esperado hasta el momento. Y en todas las páginas se respira el inconfundible aroma de los buenos libros, con muchas referencias literarias y con un gran llamamiento a disfrutar de la vida.

Tengo que reconocer que llegado a un punto de la historia y viendo el rumbo que había tomado la novela, llegué a temer un final que estropeara todo lo bueno que había leído hasta entonces, porque ciertamente era muy fácil estropearlo. Pero eso no ocurrió. Gerard Donovan consigue salir airoso y nos deja un final que nos hará pensar mucho en todo lo que acabamos de leer. Evidentemente, y como suelo hacer, me guardo de comentaros ciertos detalles que me han encantado, pero que estropearían gran parte de la novela.

Por cierto, no quería dejar escapar la oportunidad de felicitar al traductor de esta novela, Enrique Fernández Vernet, que ha realizado un trabajo excelente, sabiendo mantener de manera extraordinaria la esencia de la novela. No nos damos cuenta de la importancia de estos señores, hasta que nos topamos con una traducción pésima. Aunque supongo que el hecho de que casi ni reparen en tu traducción, debe ser una gran recompensa, significa que has transmitido todo lo que debías.

En cuanto a Gerard Donovan, nació en el 1959 en la ciudad irlandesa de Wexford, imparte clase en el Southampton College de la Universidad de Long Island y empezó escribiendo poesía, ganando bastantes premios. Pero fue con su obra El telescopio de Schopenhauer, cuando empezó a sonar su nombre como uno de los escritores más prometedores de la literatura irlandesa. Además de las dos novelas citadas, en nuestro país también tiene publicada El doctor Salt. Como comprenderéis, son muchas las ganas que me han quedado de repetir la experiencia de leer a este autor, y ya he localizado ‘El doctor Salt’ en la librería, no tardará mucho en acompañarme a casa.

Creo que a estas alturas queda muy clara mi opinión sobre ‘El inventor de palabras’, así que si queréis disfrutar (en mayúsculas) con un libro escrito de una manera increíble y preciosa, o aún no sabéis qué regalar hoy para Sant Jordi, no lo dudéis ni un momento. Esta novela es tremendamente buena y hacía mucho que no me topaba con una así. Os aseguro unas cuantas horas de auténtico disfrute…

Palabras de amor, de ternura y afecto, sí, me las había dicho, y ahora creo que yo había debido estar a la altura, pero no estaba acostumbrado, no sabía que pronunciar palabras daba más o menos intensidad a un sentimiento, según qué nombre le pusieras, pero debiera haber dicho lo suficiente para que supiera que agradecía su compañía, que la echaba de menos cuando no estaba, y que si el amor era eso, pues bienvenido fuera. Claire jamás volvió a decir nada para descubrir qué podía responder yo, o que podía ofrecer a cambio. Tendría que haber sabido que en ocasiones las personas pueden intimar lo bastante para descubrir que son unos extraños.

Tusquets Editores
Colección Andazas
248 páginas
ISBN: 978-84-8383-201-1
16,95 euros

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