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'El libro de Nobac', de Federico Fernández Giordano

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El libro de Nobac es el vencedor del Premio Minotauro 2008, el galardón anual de la editorial de literatura de fantasía, misterio y ciencia-ficción. Se trata de una novela de intriga que bebe de fuentes como Edgar Allan Poe, Borges y Bioy Casares, en la que el formato detectivesco es utilizado para introducir crecientes elementos fantásticos hasta desembocar en lo mágico. El homenaje a los maestros se aprecia en lo interesante de la premisa inicial y la metáfora sobre la que se construye la novela: la vida como libro, el hombre como personaje y el científico/alquimista/demiurgo como autor. Desgraciadamente, la novela no llega a estar a la altura de las expectativas que ese arranque genera.

Edgar Pym es un escritor por encargo que arrastra una vida crápula y una larga crisis creativa: es incapaz de escribir su propia novela. Un día es convocado a la casa de un tal señor Valdemar, en dónde conoce a la atractiva, talentosa y decidida periodista Lisa Lynch. Valdemar les comunica que desea contratarles para que cuenten su vida. Que está marcada por un hecho extraordinario: posee un libro en el que día a día y de forma automática se va relatando su existencia.

Entre la incredulidad y la maravilla, Edgar y Lisa indagan sobre su misterioso cliente al tiempo que este les va desvelando poco a poco detalles de su extraña existencia. Comienza entonces a perfilarse la oscura figura del profesor Nobac, un controvertido filósofo y químico presuntamente desaparecido de la faz de la tierra, que parece ser una pieza clave alrededor de la cuál gira no sólo el misterio del libro que se escribe sólo sino la existencia de los tres personajes.

Es un argumento lo bastante sólido para enganchar en las primeras páginas del libro, y tiene el suficiente sabor libresco, añejo, como para recordar agradablemente a las tramas de investigaciones eruditas de los maestros citados antes. Incomprensiblemente, una vez puestos en situación y tras cultivar cuidadosamente el suspense, el autor decide detener el ritmo de la narración. Nos bastan unos capítulos para conocer a Edgar, Lisa y Valdemar, así como sus respectivos problemas. Pero el bloque central de la novela esta dedicado a volver una y otra vez sobre los mismos personajes, las mismas problemáticas enunciadas en primer momento, y apenas se perciben signos de evolución.

La idea parece ser la de mostrar cómo la presencia de un libro que escribe él sólo una vida afecta psicológicamente a dos tipos diversos de personalidad, una rigurosa y ordenada frente a otra caótica y espontánea. En realidad lo que se percibe es una manera un tanto artificial de alargar las cosas ya que lo que ocurre son más cambios de humor que de psique. Y peor aún, lo que consigue es matar el suspense. Situaciones, personajes y tramas secundarias encajan en ocasiones de forma forzada, con una teatralidad que no se acompasa ni a la narración ni al tono (para demostrar que Edgar es un juerguista, por ejemplo, ocurre una escena de triángulo en su apartamento que parece sacada de una telecomedia).

Tampoco ayuda que el narrador anuncie de tanto en cuando que algo terrible terminará sucediendo. Resulta frustrante cuando el lector no percibe avances efectivos. Estos sólo llegan en el tercio final de la novela, cuando descubrimos a los investigadores empezando a hacer lo más elemental (buscando una fotografía del misterioso y mil veces mencionado Nobac o visitando a quiénes le conocían). Y cuándo finalmente se precipita el desenlace, resulta chocante no por las revelaciones (que el lector ya ha deducido gracias a las pistas que el narrador le deja y remacha) sino por las infinitas respuestas que deja sin resolver y las explicaciones que no llegan nunca.

Una dificultad final es el lenguaje literario del que hace gala Fernández Giordano. Es elevado, de gran riqueza y con potencial poético, luego en ningún caso objetable. Gracias a él se dan los mejores pasajes de la obra. Sin embargo lo mantiene inalterado en todo momento, cuando ciertas ocasiones hubieran requerido mayor simpleza y cercanía. La impresión final es la de cierto distanciamiento del narrador con su historia al usar el mismo conceptismo para hablar tanto de la Verdad y la Existencia como para describir la "carne turgente y fibrosa" de los muslos de Lisa.

Como dice uno de los personajes de la obra: sólo lo imposible es seguro, lo posible es un universo de incertidumbres. El libro de Nobac tiene el mérito de ser ambicioso y plantear ideas de gran valor, algunas brillantes. Lástima que naufrague por motivos que quizás sean de formato. Si siguiendo a los maestros el autor hubiera optado por una narración breve puede que estuvieramos ante un texto completamente distinto. Potencialmente, ante una obra de arte.

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