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'El Mar de Madera', de Jonathan Carroll

'El Mar de Madera', de Jonathan Carroll
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'El Mar de Madera' es una novela imprescindible aunque, lamentablemente, no relevante porque no es una obra que pueda gustar a todo el mundo. Es un prodigio de literatura visual en el que el lector no tarda en preguntarse cómo sería esta maravilla si fuera adaptada al cine, algo sólo posible, en mi opinión, en el caso de que tal hipotético proyecto fuera acogido por un surrealista como David Lynch, un amante de la magia realista como Tim Burton, o un alternativo sin remedio como Jim Jarmusch.

Jonathan Carroll, el autor de esta increíble novela (nunca mejor dicho), tiene como mayor logro introducir al lector en un mundo fantástico y casi inmaculado donde la vida es algo mágico, rebosante de sentido. El estilo es a todas luces sorprendente y estimulante, al más puro estilo de los nuevos escritores norteamericanos, con un lenguaje fluido, lleno de desparpajo. El derroche de originalidad, salpicado de irrepetible frescura, se hace más obvio cuanto más avanza el relato, provocando que los personajes se hagan inolvidables.

Con un humor absurdo que bebe de 'La guía del autoestopista galáctico', de Douglas Adams, y un lirismo imaginativo con retazos de Borges, 'El Mar de Madera' presume de un tono trascendente, el libro juega con un espíritu de fascinación constante. De poco sirve que la trama no se sostenga bajo ningún aspecto racional o que los cambios de género sean el pan de cada día: lo mismo le da a Carroll obtener perplejidad del lector. A Carroll le interesan mucho más las preguntas que las respuestas, en el sentido de que la meditación infructuosa parece ser la clave para dejarse llevar por esta obra. Por supuesto, se presenta una cantidad ingente de incoherencias narrativas y argumentales de manera despreocupada y divertida, y la trama no se resiente por ello. Eclipsa sus numerosos fallos con nuevas sorpresas. A cada momento nos preguntamos: ¿es posible una vuelta de tuerca más? Pues sí. Carroll busca compartir su visión delirante con el lector, partiendo de una especie de paradoja zen: ¿Cómo remar en un mar de madera? Atención a la ilustración de portada de Rafal Olvinsky: digna de ser mencionada de entre las mejores portadas de la historia de la literatura.

¿El argumento? Un policía llamado Frannie McCabe, de un tranquilo pueblo llamado Crane's View, que convive tranquilamente con la inmigrante rusa Magda Ostrova y su hija. A partir de ahí, pasan por nuestros ojos una guitarra de valor incalculable, un perro de tres patas que revive, un concierto en directo de los Beatles en el año 2001, una máquina que devuelve los recuerdos (de marca BIC), viajes en el tiempo, diálogos con el yo adolescente, intriga, aventuras, persecuciones, una pluma multicolor, una conspiración para acabar con el mundo, alienígenas… de una forma muy condensada, componiendo una unidad conceptual que sólo busca sostenerse por sí solo con una prosa repleta de ironía y una narración en primera persona muy útil para encontrar la participación directa de su protagonista, que parece tan absorto en la historia como nosotros mismos. Encima, tenemos una intención conmovedora que impregna de poesía todos los acontecimientos que se suceden. La realidad propuesta por la novela nunca es onírica pero sí fantasiosa.

'El Mar de Madera' es una novela imprescindible, única en su especie, y culmen del género fantástico de tono realista. 'El Mar de Madera' no es una lectura, es una experiencia, y el triunfo de la literatura visual con una forma de escribir rebosante de inspiración. Jonathan Carroll consigue, y de qué manera, que el "cómo" sea mucho más importante que el "qué". Nos podemos quedar con la sensación de que no se nos cuenta nada, y sin embargo no somos los mismos al terminar la última página.

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