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¿El Quijote sobrevalorado?

¿El Quijote sobrevalorado?
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Lo bueno de un espacio de opinión como Papel en Blanco, con varios editores, es la posibilidad de ofrecer una perspectiva múltiple. Así se enriquece el panorama de la reflexión literaria, del gusto por la lectura y de nuestras páginas. En las que los lectores también tenéis cabida a través de vuestros comentarios, como se vio en mi apunte sobre las lecturas frustradas, surgida a raíz de vuestras palabras.

Me vuelvo a remitir a algunos de esos comentarios para reflexionar sobre una de las obras que aparece como sobrevalorada, Don Quijote de la Mancha. Probablemente sea ésta una de las obras que más ha caído en el pozo de las lecturas frustradas. La causa puede estar en cualquiera de los factores que apunté entonces, o en otros muy diversos. Pero creo que Don Quijote de la Mancha está valorada muy en su justa y gran medida.

Aunque en cierto modo me avergüence reconocerlo, también yo acabé despreciando El Quijote cuando, de no tan pequeña, me obligaron a leer algunos capítulos (demasiados, quizá) en el instituto. No me presentaron bien la obra, yo no estaba preparada, los capítulos que escogieron para comentar en clase me parecieron aburridos, me fastidiaron un fin de semana con un examen... yo qué sé, las razones son múltiples.

Una aproximación posterior a la obra, más consciente, más madura, y de la mano de maestros en la literatura cervantina, me ha mostrado toda su grandeza, que no cabe en un comentario, en una entrada como ésta, ni en toda una enciclopedia.

Lamentablemente, mi caso no es aislado y conozco muchas personas que no quieren ni oír hablar del Quijote por alguna de las razones que he expuesto anteriormente. Y, claro, entonces sale mi faceta de lectora que quiere contagiar su entusiasmo por la Literatura, así, con mayúsculas, que es del único modo en que puedo hablar del Quijote.

Y si bien el acercamiento a esta obra no es sencillo, decir que el Quijote está sobrevalorado me parece una auténtica osadía fruto de un acercamiento superficial al mismo. Decir que la obra pierde valor fuera de su época es no haberla entendido en su totalidad. Decir que el Quijote es una crítica, y quedarse ahí, es no haber profundizado en ella.

Si Don Quijote sólo hubiera sido un alegato contra los libros de caballerías (genial alegato), tan desfasados y degradados en su época, se hubiera quedado en el siglo XVII. Si el personaje de don Quijote sólo hubiera sido un loco tarado por la lectura sin fin de aquellos libros caballerescos, no hubiera trascendido su época. Pero el Quijote va mucho más allá.

Porque la obra de Cervantes ofrece tal cantidad de enseñanzas, de aventuras, de vivencias, de reflexiones, de ironía, de humor, de ternura, de vida... que traspasa fronteras, no sólo espaciales sino también temporales. Y por muchos siglos.

Traspasa fronteras porque el universo cervantino adquiere tal sensación de realidad que a veces es difícil creer que don Quijote no existió. Porque el Quijote contiene tal variedad de interpretaciones y tal cantidad de ingeniosas reflexiones que cualquiera puede detenerse en la suya.

Trasciende su época porque la lectura de la obra hace reír, hace llorar, hace pensar, hace soñar. Hace maravillarse de la constancia de un hombre aguijoneado por un amor idealizado, que quiere hacer el bien por encima de todo y ante cualquier circunstancia, valiente hasta la locura, cobarde en la cordura. Constancia y fuerza encomiables en una realidad prosaica, de entonces, y de ahora. Más quijotes harían falta en nuestra realidad...

Traspasa fronteras porque la galería de personajes variopintos que se mueven entre sus páginas están dibujados delicadamente con todos sus matices, con el hidalgo y caballero a la cabeza. Y en ellos podemos encontrar enseñanzas sobre el amor, las letras, la guerra, la educación, la amistad, la violencia, la valentía, la ingenuidad, la burla, el ingenio, la derrota...

Llaga a nuestros días porque el contrapunto que supone Sancho Panza en la peculiar realidad de don Quijote crea una relación única, de simbiosis y enriquecimiento mutuo. Porque ambos resultan la pareja más estrafalaria pero viva, entrañable y unida que han creado las letras españolas.

Porque las andanzas de ambos nos mantienen en vilo, primero en un mundo en el que son desconocidos y después en un cruel escenario creado a su medida por la fama que les precede. Porque permanecen unidos hasta el final en una entrañable relación con sus necesarios y humorísticos altibajos. De nuevo vuelvo a creer que existieron.

Podría seguir citando excelencias lingüísticas y metaliterarias de la obra, o el estupendo documento histórico, social y folklórico que supone, pero no quiero aburrir más. Simplemente recordar: no, el Quijote, sobrevalorado, no.

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