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'El Quijote' y sus principales lecturas

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Comienzo lo que pretende ser un humilde estudio de algunos de los aspectos que más me interesan del Quijote y su autor, unos más universales y otros más particulares. Quede claro desde un principio que no pretendo sentar cátedra en una obra que ha sido estudiada por los más grandes hispanistas y de la que se ha dicho mucho, casi todo lo que se puede decir. Poco puedo añadir yo que no sea mi personal visión de un mundo cuyos molinos de viento son en verdad gigantes.

Intentaré no ser muy caótico a la hora de presentaros los temas pero, para empezar a contradecirme, comenzaré por el final (o el principio, depende de cómo se mire): por las principales lecturas que han ido surgiendo del Quijote a lo largo de sus cuatrocientos años de historia. En este artículo me dispongo a comentar algunas de las, desde mi punto de vista, más interesantes variantes diacrónicas y diatópicas en lo referente al modo en que han leído y entendido el Quijote diferentes lectores y corrientes de pensamiento en sus ya más de cuatro siglos de existencia. Como ya sabemos, la primera parte del Quijote apareció en 1605 bajo el título El ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha. Poco a poco se fue convirtiendo en un éxito de ventas (16 ediciones y traducido al inglés y al francés en vida del autor), lo que propició que Cervantes y sus inversores pusieran su pluma y su dinero al servicio de una segunda parte. Sus primeros lectores lo leyeron como una obra meramente humorística. El Quijote era para ellos un libro protagonizado por un loco que se creía caballero andante y su ignorante paje, y lo que contaba era una comedia en la que se sucedían una serie de desdichas que les hacían reírse a carcajada limpia.

No cabe duda que sus contemporáneos no supieron entender la obra en toda su dimensión, pero es relevante por ser la acogida más inmediata. Hubo hasta quien la denostó radicalmente: según Lope de Vega, coetáneo y enemigo de Cervantes, Don Miguel estuvo en Valladolid buscando a alguien que quisiera glosar su obra, sin encontrar a nadie "tan necio que alabe a Don Quijote". Por su parte, Calderón de la Barca llegó a escribir una pieza teatral titulada ‘Los disparates de Don Quijote de la Mancha’ con un claro tono burlesco.

Ya en el siglo XVIII, los intelectuales ingleses comprendieron que el Quijote no sólo era una simple burla al libro de caballerías sino que había mucho que encontrar tras esa primera capa humorística; en ese sentido creían que el caballero manchego, de alguna manera, no era tan diferente a sus lectores. Mientras tanto, en Francia, los ilustrados como Montesquieu afirmaban que el libro “representaba la decadencia española” y entre los afrancesados escritores españoles sólo se escuchó levantar la voz a Cadalso. La lectura inglesa es, históricamente contextualizada, meritoria, pero no profundiza lo suficiente, mientras que la francesa sería correcta si en lugar de afirmar categóricamente lo entrecomillado, dicha frase fuera una pregunta que comience un debate: ¿El Quijote representa la decadencia española? Si no es así, ¿al menos la presagia? ¿O simplemente presente la realidad de un modo irónico, casi esperpéntico...?

En el siglo XIX, una vez que las humanidades adquieren un carácter científico y comienza a desarrollarse la Teoría de la Literatura, surge una de las lecturas que a mí me parecen más acertadas: la de los marxistas. Siguiendo el materialismo dialéctico de Hegel, entendían que el Quijote se construía a partir de la estructura tesis-antítesis-síntesis. Me explico: considerando los libros de caballería, la novela picaresca o la pastoril como tesis del, por entonces, nuevo género llamado novela, el Quijote es la síntesis que surge a partir de las antítesis. El propio protagonista es todo lo contrario que se espera de un caballero andante ya que, por ejemplo, casi siempre pierde sus combates. Al pícaro Ginés de Pasamonte lo conocemos estando encadenado cuando en la novela picaresca, por mil desgracias que sufra el personaje, lo único que nunca pierde es su libertad. Y en el género pastoril siempre triunfaba el amor y la pasión y el del Quijote es un amor imposible, pues la dama a la que ama sólo existe en su imaginación; por si fuera poco, durante el libro aparecen otras parejas de enamorados cuyo final dista mucho de lo cortés y se acerca bastante a lo burlesco, y la presencia del 'locus amoenus' es siempre irónica.

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Así pues, a partir de las antítesis de las tesis, surgiría la síntesis, que muchos han llamado primera novela moderna. Es esta una lectura que me resulta muy interesante ya que supone uno de los primeros acercamientos formales a la obra y porque, antes de conocer esta teoría, fue algo que vi por mí mismo leyendo la obra, quizá inspirado por mis estudios de aquella época sobre el formalismo ruso.

Con el siglo XX aparecieron nuevas posturas. Los integrantes de la Generación del 98 buscan en el personaje cervantino el ideal patriótico que levante los ánimos de un país en plena crisis. Unamuno, tan dado el viejo a las frases célebres, lo llegó a calificar como “nuestra Biblia nacional”. Los noventayochistas se enfocan en una lectura más personal, en oposición a la extremadamente rigurosa vertiente encabezada por Menéndez Pidal unas décadas antes.

Tras la versión acomodaticia de Unamuno y su Vida de Don Quijote y Sancho (1905), aparecen dos obras capitales del Cervantismo que, si bien responden a motivaciones muy diferentes, sus teorías marcan un nuevo horizonte en la lectura del Quijote. La primera: Meditaciones del Quijote (1914), de Ortega y Gasset que, mediante una clara distinción entre personaje y estilo, se carga de un plumazo las teoría noventayochesca (demasiado centrada en el protagonista) y la positivista (empeñada en ver los textos literarios como mero reflejo o producto de las circunstancias históricas y biográficas en que se engendraron). La segunda: El pensamiento de Cervantes (1925) de Américo Castro, es un estudio que trata el pensamiento del autor alcalaíno como un sistema coherente que se manifiesta en toda su obra y que cubrió la necesidad de la Generación del 98 de hallar un sentido vivo y actual sin sacrificar el rigor universitario.

Volviendo a la semiótica y a un plano menos teórico-filológico, para los independentistas sudamericanos (de los siglos XIX y XX) el Quijote era un símbolo de la libertad, un idealista que se enfrentaba al destino sin miedo a nada. El revolucionario más famoso, el Che Guevara, era un cultísimo enfermo de la lectura y el Quijote una de sus obras favoritas. En la última carta que le envió a sus padres antes de encontrar la muerte en Bolivia les decía:

Otra vez siento bajo mis talones el costillar de Rocinante. Vuelvo al camino con mi adarga al brazo

Unos años después, ya en 1981, la junta militar del golpista Pinochet prohibió la obra cervantina en Chile porque el general creía, con toda razón, que contenía un alegato en defensa de la libertad personal y un ataque contra la autoridad convencional.

Desconozco cuál es la lectura actual del Quijote. En parte, por la sobreinformación que supuso el IV Centenario de la obra, plagado de presentaciones de estudios, publicaciones, reediciones, mesas redondas, coloquios, congresos y demás. Es más, entiendo que, a estas alturas, cada lector tiene su lectura. A partir de aquí encontraréis la mía.

Sitio Oficial | El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, edición dirigida por Francisco Rico, en el Centro Virtual Cervantes En Papel en blanco | Don Quijote y Miguel de Cervantes

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