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'El sanador de caballos', de Gonzalo Giner, una agradable lectura veraniega

'El sanador de caballos', de Gonzalo Giner, una agradable lectura veraniega
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En verano me autocensuro: nada de Cicerón, ni Cervantes, ni Galdós… En estío le doy la espalda a mi Yo lector más culto y me quedo con la parte de mí que sólo busca entretenerse y devorar páginas sin grandes reflexiones filosóficas al respecto. Hace un par de semanas entré en una de mis librerías habituales con la intención de no salir de allí hasta comprarme un libro nuevo —tengo centenares en mi biblioteca sin leer, pero a veces el cuerpo me pide comprar algo nuevo—. Se acercaba la hora de cerrar y yo ya estaba totalmente borracho de leer letritas en los lomos de tantos y tantos libros. Así que acabé pidiendo ayuda a mi librera: quería un libro no muy sesudo, para leer tanto en la playa como en casa.

Mi librera apareció con El sanador de caballos, la tercera obra de Gonzalo Giner, después de ‘La cuarta alianza’ y ‘El secreto de la logia’, cuyos nombres ya asustan. El subtítulo que aparece en portada es “la aventura de un veterinario en la Edad Media”. No quedé muy convencido en un primer momento, de hecho apuré la hora de cierre de la librería para ver si se me hacía la luz a última hora. Pero nada, me fui de allí con las ochocientas páginas que componen el libro. Dos semanas después debo decir, antes que nada, que lo devoré como si llevara años sin leer. Ésta es una de las virtudes de esta novela, que se deja leer muy fácil y te crea cierta ansia por seguir sabiendo más, dejándote en ascuas de vez en cuando pero sin caer en insultantes cliffhangers.

‘El sanador de caballos’ tiene mucho de novela histórica, aparentemente y en el fondo, pero estoy de acuerdo con el autor cuando afirma que, principalmente, es una novela de personaje. La obra está ambientada entre 1195, cuando Alfonso VIII de Castilla es derrotado por el califa almohade en la batalla de Alarcos, hasta 1212, fecha en la que los ejércitos cristianos vencen en la importantísima batalla de las Navas de Tolosa. Durante ese tiempo seguimos el recorrido vital de Diego de Malagón, un joven que tiene una especial habilidad para el trato con los caballos que, tras sufrir una desgracia familiar, busca su propio camino. Así, se introducirá gracias a un mentor musulmán en el mágico mundo de la albeitería, la ciencia veterinaria de los caballos y un oficio milenario para los musulmanes. Con él comenzará su nueva vida, en Toledo y no sólo aprenderá a tratar todo tipo de males y enfermedades de los equinos, sino que, sobre todo, descubrirá otra cultura alejada de todo fanatismo, mientras crece y madura a la espera del momento de buscar venganza.

Yendo detrás de Diego conoceremos sus infinitas desgracias, sus primeros amores, su insaciable hambre de saber, su incesante aprendizaje, su formación como hombre que disfruta y sufre las bondades y los fanatismos de dos mundos colindantes y en permanente guerra, la España cristiana y el al-Ándalus musulmán. Pero sobre todo gozaremos con la especial relación de Diego con su yegua, de nombre Sabba, una bestia que será su principal compañera de fatigas, un animal que lo mantiene atado a su pasado al mismo tiempo que lo acompaña en la búsqueda de un futuro mejor.

Como decía, los títulos de las obras anteriores de Giner echan para atrás —sólo los leería después de que alguien muy respetado por mí me lo recomendara encarecidamente—. He leído algunas críticas sobre ellas y parece que algunos de los defectos que se le achacan también se dejan ver en su tercer libro. A veces el tono es demasiado juvenil, es cierto, pero tampoco debe confundirse con la clara intención didáctica que tiene la obra. Gonzalo Giner, antes que escritor, es veterinario, así que con ‘El sanador de caballos’ nos introduce en un mundo que es su pasión vital y sobre el que pretende hacer justicia histórica relatándonos la gran importancia que tuvo su oficio desde tiempo inmemoriales. Hay muertes, violaciones, torturas… pero aún así es inevitable reconocer que el tono no es todo lo maduro que podría ser. Y también podemos encontrar ciertos descalabros morfosintácticos y algunos diálogos bastante mal construidos, sobre todo en sus finales, pero creo que debe tenerse en cuenta que estamos ante la tercera obra de un autor que debutó en 2004 y que no vive de la literatura, información que a mí, totalmente desprejuiciado de intrusismos laborales, me hace ser menos exigente que cuando leo a profesionales como, por ejemplo, Vargas Llosa, que sí vive de sus letras y nos presenta cosas tan cursis como ‘Travesuras de la niña mala’.

Está claro que yo he decidido ver esta obra con buenos ojos. Es lo que tiene el verano, me cambia el humor y me convierto en un lector mucho menos exigente, del que reniego el resto del año —suerte que en A Coruña el verano no dura ni dos meses…—. Así que lo cierto es que he disfrutado mucho con la lectura de esta novela que, aunque tiene una extensión considerable, se deja leer con la facilidad que uno se toma una cervecita en una terraza mientras contempla el ocaso sobre el Atlántico.

Editorial Booket
Colección: Gran Formato
800 páginas
ISBN: 978-84-8460-744-1
22 euros (hay una edición más barata, a 12.95)

Sitio Oficial | Ficha en PlanetadeLibros.com

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