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'Historias del Kronen', de José Ángel Mañas

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José Ángel Mañas (Madrid, 1971) conoció el éxito quizás demasiado pronto. En 1994 esta novela, 'Historias del Kronen' fue finalista del Premio Nadal y vio una versión cinematográfica a cargo de Montxo Armendáriz.

Nada más leer la primera frase del libro, "me jode ir al Kronen los sábados por la tarde porque está siempre hasta el culo de gente", mis prejuicios se fueron gestando, y no eran precisamente positivos. No por ese efectista indicador de que el narrador es joven, o por el uso de palabras malsonantes. No, es porque seguramente, nadie que haya leído aunque de soslayo a Henry Miller, Charles Bukowski o Bret Easton Ellis se sorprenderán lo más mínimo.

El narrador en cuestión es Carlos, un niño de papá de 25 años que vive totalmente como un parásito, más aún siendo verano, y no parece tener motivaciones más que las que requiere su instinto y sus deseos del momento. Ha aprobado todo y no tiene absolutamente nada que hacer durante el día, excepto dormir hasta las tantas, vaguear, echarse una siesta y por la noche, quedar con sus amigos y probar todo tipo de drogas y experiencias sexuales.

La vaciedad tan impactante en la que se ve inmerso Carlos es expuesta a través de su narración, que no desvela ningún tipo de sentimiento o de ímpetu. La falta de ambición que le corroe le hace atravesar una serie de aventuritas que sólo sirven para que él pueda seguir sintiéndose vivo, en contra de esa cotidianeidad que le arrastra a ir muriendo poco a poco por dentro. Visita a su abuelo sin ningún tipo de empuje, mantiene una escasísima comunicación con sus padres y hermanos, y se niega a aceptar que quizás está llevando su existencia por caminos que no le convienen.

De esta forma, con una ambientación en el año 1992 demasiado apoyada en repasos a la actualidad (por medio sobretodo de la televisión), Mañas construye una inteligente recreación de la confusión de los jóvenes, de su espíritu nómada y en definitiva, perdido. De ese desconocimiento del lugar en el mundo, sin encontrar un sitio en una sociedad en la que no encajan. El hecho de que Carlos esté bien definido (para eso es el narrador), provoca que los secundarios estén generalmente definidos a base de clichés, con la intención de mostrar de forma concreta las miserias de la generación de los personajes.

Llama la atención que todos los nombres, denominaciones, sustantivos, títulos... que no se encuentran en el diccionario estén escritas fonéticamente. Por ejemplo, la banda de rock Sonic Youth es Sonic Yuz, el walkman es un huolkman y así sucesivamente. Quizás podría verse como un caprichito lingüístico del autor, pero lo cierto es que funciona y contribuye a ese aire pasota de los jóvenes por expresar sus ideas.

Llegamos al nudo y la historia da la sensación de que no avanza, pero se adivina un suceso trágico, o por lo menos, un punto de inflexión que justifique la ausencia de escenas claves en la trama. Puede verse como un acierto, ya que implica al lector en ese aura de aburrimiento y hastío que inunda a Carlos y a sus amigos. La falta de madurez del protagonista está presente en el comportamiento arbitrario e inestable que le lleva a contraponer sus decisiones con sus verdaderos sentimientos. Cuando la dueña de un bar punk le rechaza, él se limita a maldecirla y a salir del bar sin problemas, censurando su voz interior que quizás está destrozada emocionalmente y siente miedo.

Carlos hace ver a todo el mundo que pasa de todo y de todos, pero en realidad es un esclavo del qué dirán, y sigue una directriz abstracta pero definida. No en vano su referente es Patrick Bateman, el psicópata protagonista de 'American Psycho', novela del mencionado Bret Easton Ellis.

El final puede resultar muy artificioso a ojos del lector. Ese punto de inflexión que se venía anunciando viene muy rápidamente y sin ánimo de reflexionar detalladamente sobre las causas y consecuencias del suceso. No obstante, el epílogo me parece magistral por su honestidad y su crudeza, y justifica muchas de las licencias que se toma Mañas para la lenta evolución que ha creado, que confirma que Carlos no madura y que, por mucho que haya sido el vehículo de expresión del relato que se cuenta, efectivamente no tiene por qué caernos simpáticos y termina despertando, una de dos, desprecio o compasión.

En resumidas cuentas, 'Historias del Kronen' es una buena novela, de fácil lectura. Sería exagerado decir que es 'El Guardián entre el Centeno' español, pero sin duda es una ácida y completa reflexión de la juventud española, en la que uno se plantea sin remedio si la cosa ha cambiado desde 1992. Hay algo que ha cambiado: Internet y el teléfono móvil. Por lo demás, mucho nos tememos que lo que se cuenta en esta novela es muy cotidiano y verosímil, una especie de neorrealismo logrado y entretenido. Si se sigue la trama y uno acepta los parámetros literarios de Mañas, no deja indiferente al lector bajo ningún concepto.

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