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'La mano invisible', de Isaac Rosa

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Poner una palabra tras otra. Construir así una frase como quien construye un tabique, ladrillo a ladrillo, palabra a palabra. Con las frases-tabiques construir un párrafo, un capítulo, levantar una novela que resista el paso del tiempo pero que a la vez refleje el momento en el que fue construida, que quien la lea reconozca la época en la que fue escrita y, sobre todo, sus miserias. Eso es lo que parece que ha querido construir el albañil Isaac Rosa en La mano invisible (Seix Barral), su sexta novela. Y digo albañil porque esta novela tiene mucho de trabajo manual, meticuloso y medido.

Y 'La mano invisible' es una novela sólida, que aguanta bien el embate del lector. En realidad es al revés, claro: el lector no tendrá problemas al recorrer sus pasillos, asomarse a sus estancias e incluso habitarlas durante los días que dure la lectura. Se encontrará en ese recorrido con una serie de personajes, sin nombre, con su profesión como única identificación, que le contarán sus penurias laborales que se ven aliviadas, aparentemente, por un nuevo trabajo que los ha reunido a todos: ahora trabajan en una nave y de cara al público.

El carnicero despelleja y despieza como siempre ha hecho, el mecánico desmonta coches como siempre ha hecho, la costurera cose como siempre ha hecho, etc.; con la diferencia de que por una vez lo importante no es la producción sino el proceso en sí del que disfrutan los espectadores que se sientan en las gradas. Y nadie sabe (ni los trabajadores ni los espectadores) para qué se ha montado este espectáculo.

Con esa intriga y con la crítica social que recorre la novela, Isaac Rosa busca que el lector esté cómodo (no renuncia a la literatura) pero también que reflexione, que preste atención. "Las cosas no se hacen solas", parece querer decir; "el filete que te llega al plato es fruto del sudor de alguien, la ropa bien planchada y organizada en el armario es el dolor en la espalda de alguien".

Bajo esa premisa, la mano invisible no es la del Mercado, así, con las mayúsculas de un personaje central; la mano invisible es la de esas miles, millones de personas que trabajan como partes prescindibles o, al menos, intercambiables del proceso productivo. Pero Rosa va más allá en la crítica: nos traza la línea que recorre el trabajador hasta llevarle a aceptar un trato que consagra sus vidas a los intereses de otros, y a borrar todo rastro de solidaridad con otros como él.

Como decía, 'La mano invisible' está construida con la minuciosidad de un trabajo artesanal. Rosa es, en esta novela, un albañil, un buen albañil. 'La mano invisible' es de lo más sólido que he leído a un escritor de su generación (y pienso en Alberto Olmos, Kirmen Uribe o Elvira Navarro). Tiene partes muy poderosas y, si uno no conoce de cerca determinados oficios, la novela es a ratos un descubrimiento. Se nota en ese sentido un importante trabajo de fondo, de documentación.

Pero al final me quedo con la sensación de que a esta novela le falla algo en los cimientos, que le sobran páginas y le faltan matices. Le sobran páginas porque creo que podría haber sido un magnífico cuento (quizás una estupenda novela corta). Y la faltan matices a la hora de dibujar a los personajes, todos descritos con las mismas frases largas, exhaustivas, repetitivas; con el mismo tono algo frío. Aunque, bien pensado, quizás sea una treta más de Rosa, una manera de decir: "da igual uno que otro, el carnicero, el mecánico, la costurera, son todos invisibles". Seix Barral Biblioteca Breve 381 páginas 19,50 euros ISBN 978-84-322-0933-8

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