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'La muerte no huele a nada' de Javier Martínez Madrid

'La muerte no huele a nada' de Javier Martínez Madrid
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Hay novelas que se leen y pasan sin tocarnos pero hay otras cuyos personajes, cuando están bien logrados, los llevamos en la piel, por decirlo de alguna manera. Es como cuando vas a una película y quedas durente varios días con una sensación de irrealidad o de hiperrealidad en la que no sabes muy bien si lo que viste fue una película y esperas que, en cualquier momento, los personajes aparezcan a la vuelta de la esquina en cualquier lugar de la ciudad en la que vives.

Algo así me pasa con la novela La muerte no huele a nada de Javier Martínez Madrid que me leí en el verano pasado y cuyas impresiones hoy comparto con ustedes. Inicialmente, al momento de hojearla leyendo un poco de acá y de allá (la estrucura de la novela lo permite gracias a sus capítulos muy cortos) tuve mis dudas de que me fuera a atrapar. Pero me equivoqué.

El argumento de la novela, publicada por Gens en su colección Guermantes, se escribe muy rápido: el protagonista, de quien nunca sabemos el nombre, teclea el nombre de su antigua pareja luego de un año sin saber de él:

-¿Estás bien? -pregunta Marta desde su mesa. Ella pregunta y yo no respondo. Me quedo en silencio una y otra vez mientras clavo las uñas en el ratón. Esquelas del día 1 de abril de 2008. Y Jonás desde hace dos semanas, es el tercero de la lista.

Jonás es el tercero de la lista y la única certeza es que no lo volverá a ver, que ha muerto y pronto averiguará que ha muerto de sida, y la pregunta inmediata que se hace, por supuesto, es si él no habrá sido contagiado también. El desarrollo es el viaje del protagonista para averiguar qué pasó desde que Jonás, a quien conoció por internet y con quien convivió muchos meses dejara el apartamento turbulentamente hasta el momento en el que murió.

Los niños buenos no llevamos tatuajes. Pero también se supone que los niños buenos no tenemos sida, por muy maricones que seamos. Y Jonás. Jonás lo tenía. Jonás lo tenía y puede que yo también.

La búsqueda de las respuestas involucrará un viaje a Tenerife donde vivia Jonás pero, sobre todo, un viaje interior del protagonista y lo más acertado de esta novela es que la manera en la que está escrita con textos breves que nos llevan al pasado al presente con el ritmo de las obsersiones de quien busca desde el tormento, desde la ansiedad, desde el amor no realizado.

Las enumeraciones repetitivas y constantes son como un golpeteo agónico: las llamadas no contestadas de Jonás, la cantidad de estaciones que lo separan de Jonás, los días que han pasado desde la muerte de Jonás. Todo transcurre en una obsesión por el tiempo.

"Tiene X silencios no escuchados en su buzón de voz" es una frase que se repite recurrentemente y da cuenta de la imposibilidad de hablar al amado pero al mismo tiempo se recuerda cuantos "Te quiero" repitió. Como se recuerda obsesivamente el jersey de rayas de colores de Jonás, ése que debia resguardar su olor pero no huele a nada. Como la muerte.

Jonás dejó de ser Jonás. Luego se murió.

Escribo estas letras y vuelvo a sumirme en una sensación de haberme encontrado con un buen libro que puedo releer para encontrar claves. Un libro bien logrado en el que la trama, aparentemente simple, nos lleva por los intersticios de la complejidad del amor contemporáneo.

No me queda más que invitarlos a leerlo, a pasearse por la página en Facebook y a votar por él en los Premios Shangay 2011 donde está concursando en la categoría mejor libro LGTB.

En AmbienteG | 'La muerte no huele a nada' de Javier Martínez Madrid Más información | 'La muerte no huele a nada' de Javier Martínez Madrid (Susana Font)

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