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'La octava maravilla', de Vlady Kociancich

'La octava maravilla', de Vlady Kociancich
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Antes que escritora, Vlady Kociancich fue periodista, crítica literaria y traductora; mientras cursaba la carrera de Filosofía y Letras en Buenos Aires conoció a Jorge Luis Borges, con quien estudió inglés antiguo y con el que mantuvo una gran amistad que duraría hasta la muerte del escritor. La octava maravilla se publicó en 1982 con prólogo de Adolfo Bioy Casares; tras ella vinieron otras novelas, libros de cuentos y ensayos, junto con diversos premios tanto en Argentina como en España.

Dice Bioy Casares en el prólogo de este libro que pueden distinguirse tres corrientes principales dentro del género fantástico: la que procura el terror (castillos, vampiros y cadáveres), la de la utopía y la que se manifiesta en construcciones lógicas, prodigiosas o imposibles, que suelen ser aventuras de la imaginación filosófica; la novela de Vlady Kociancich se inscribiría en esta última línea:

una aventura de la imaginación filosófica, una historia de amor, de amistad, de traiciones, una busca infinita.

Lo cierto es que me resultaría imposible enmarcarla en alguna categoría, ni tan siquiera definirla o reseñarla desmenuzando el argumento. La historia narrada es la de Alberto Paradella, abogado, periodista y escritor argentino, que emprende un vertiginoso viaje a Berlín con la pretensión de reconstruir su vida. Pero decir esto es poco y nada. Paradella se sumerge en una busca/huida en donde no somos capaces de delimitar con claridad el espacio y el tiempo. Una fiebre delirante en la que se mezclan recuerdos y deseos, sueños y vivencias.

A juzgar por lo apuntado en el prólogo, esperaba encontrar más elementos fantásticos en la novela, mejor dicho, esperaba toparme ante elementos más convencionales. No es defecto del prologuista, por supuesto, sino de una deducción equivocada por mi parte que pretendía canalizar con tópicos algo que escapaba a todos ellos. Vista en la distancia he llegado a la conclusión de que los elementos fantásticos en 'La octava maravilla' la inundan por completo de forma sutil y silenciosa. Como un delirio febril, o como la resaca de un sueño que no alcanzamos a entender, quizás ni siquiera a recordar con claridad, pero que hemos sentido con mayor realidad que otras cosas cotidianas.

Como Cortázar, como Bioy, como Borges (pero sin ser ellos, con estilo propio) Kociancich describe la vida con una naturalidad, con una espontaneidad pocas veces encontrada. La memoria y los sueños, las impresiones, los ínfimos detalles... todo circunda alrededor de un viaje sin punto de partida ni llegada, y son todas estas menudencias las que conforman una historia, las que hacen de 'La octava maravilla' una novela excelente, recomendable, fresca, divertida, de una autora que merece leerse y conocerse.

Pero lo que me atrapa de Kociancich, por encima de todo, es su forma de escribir, su manejo extraordinario del lenguaje. Cuanto más leo más cuenta me doy de dónde encuentro mi lugar en los libros. Hay ciertas obras que leo y me siento en casa, las absorbo en un tránsito suave, imperceptible, en donde deja de existir la frontera entre el afuera y el adentro. Leo sin saber que leo. Abro esos libros y siento calor, como cuando llegas a casa tras un largo viaje en muchas partes. Ahí te encuentras. Hay una literatura que me hace sentir así.

Nos dice Bioy:

Algunos lectores recuerdan tal vez una época de su vida en que deslumbrados por sucesivas revelaciones, descubrieron la literatura. Es curioso: la experiencia ulterior de quienes tuvieron esa suerte prueba que las revelaciones y los hallazgos nunca se acaban. Para mí, el más extraordinario hallazgo de los últimos años ha sido 'La octava maravilla' de Vlady Kociancich.

Y sí, para mí también lo ha sido.

Más información | Prólogo de Adolfo Bioy Casares a 'La octava maravilla'

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